España comienza empatando con Italia.



«Ni yo mismo esperaba jugar como titular». Lo dijo Cesc Fàbregas después del partido, el arranque de España en la Eurocopa, el paso inicial de un reto mayúsculo: encadenar tres grandes competiciones seguidas, algo inalcanzable hasta la fecha. Porque el futbolista del Barcelona fue el gran protagonista del empate contra Italia en el estreno de la vigente campeona. Tras toda una semana debatiendo sobre si sería Torres o si sería Negredo el delantero titular, Vicente del Bosque decidió prescindir de la figura del delantero centro nato y metió a Cesc en esa posición, una maniobra que va a generar debate en torno a la selección, pues el resultado fue, al menos, confuso, y eso que fue el propio Cesc quien terminó marcando el empate. 


España estuvo espesa, especialmente en la primera parte, donde Italia, alejada como nunca de su estilo defensivo tradicional, logró hasta llevar la iniciativa del partido y generar ocasiones, afortunadamente desbaratadas por un gran Casillas. 
Mejoró el equipo tras el descanso, pero terminó de ser completamente reconocible con la entrada de Navas y, especialmente, de Fernando Torres, al que apenas le faltó un poco de puntería, pues en los 20 minutos que estuvo sobre la hierba -la pésima y seca hierba de la que se quejaron todos los internacionales- generó tres ocasiones claras a la espalda de los centrales italianos. «No ha salido mal la prueba», dijo sin embargo Del Bosque, que también resaltó el buen nivel mostrado por el rival. 


Con delantero en el campo o sin él, España, como siempre, tuvo más posesión que el rival, generó opciones suficientes para haber ganado el partido -especialmente en el tramo final, con el duelo roto- pero también concedió muchas más opciones de las habituales al oponente. Por ahí hubo quien echó en falta a Puyol, y de la misma manera que ocurrió en el arranque del Mundial, no faltan las voces que cuestionan la presencia simultánea de Busquets y Xabi Alonso. En el otro costado, en el de las esperanzas tangibles, emerge como siempre Iniesta, el mejor del partido, y un estupendo nivel de Silva y Xavi. El próximo jueves, la República de Irlanda despejará dudas


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Toni Nadal habla sobre Ferrer.



En su ánimo elogioso, reivindicativo de la figura de David Ferrer, Toni Nadal rechaza la definición del alicantino como un especialista de la arcilla. «No sé dónde juega mejor, si en rápida o en tierra», comenta al otro lado de la mesa, en la terraza de la Sala de Jugadores, el entrenador de Rafael Nadal sobre el adversario que tendrá hoy su pupilo en la primera semifinal de Roland Garros (13.00 h., Cuatro). 

Lo cierto es que Ferru, como le apodan muchos en el circuito, ha ganado nueve de sus 14 títulos en polvo de ladrillo, la misma superficie en la que acumula 12 derrotas consecutivas frente al hexacampeón del torneo. Pero bastante razón sí tiene el tío Toni, porque ha sido a la penúltima ronda de París donde más han tardado en llegar «las mejores piernas del circuito», según sus propias palabras, pues antes pasaron por las semifinales del Abierto de Estados Unidos (2007) y por las de Australia (2011), además de por la final de la Copa Masters de hace un lustro. 

TONI

Ya metidos en el partido de hoy, Mats Wilander cree que Ferrer necesitará un plus si quiere afrentar al tenista que buscará su victoria número 51 en el torneo. «Sé que en tierra los partidos no se ganan en la red, pero va a precisar algo distinto, un factor sorpresa, ir a la cinta con mayor frecuencia de la habitual, como hizo, por ejemplo, frente a Granollers. No puede jugar ante Rafa como ante los demás rivales», comenta el tricampeón del torneo. Ferrer ayer sólo realizó trabajo físico, en una jornada de profusas e intermitentes lluvias. «No pasa nada porque esté un día sin tocar la raqueta», comenta su entrenador, Javier Piles. «Tácticamente hay que hacer ajustes, dentro de lo posible. 

JAVIER PILES


Desde una perspectiva mental, también necesita retoques; debe estar preparado para encarar los malos momentos». Le tranquiliza el poco desgaste que lleva encima. Sólo once horas y 19 minutos en pista, únicamente 42 minutos más que el meteórico Nadal. A diferencia de él, perdió ante Murray su único set en la competición. 

Toni sabe que, a pesar de la inexpugnabilidad de su sobrino, Ferrer es uno de los tenistas con mayores aptitudes para complicarle los partidos. «No creo que puedan influir los precedentes; al fin y al cabo, lo que realmente decide son la derecha y el revés del rival», comenta sobre el balance entre ambos en arcilla, particularmente sobre la última final del Conde de Godó y las semifinales del Masters 1000 de Roma. En Barcelona, Ferrer tuvo cinco pelotas para llevarse el primer set antes de perder por 7-6 (1) y 7-5. En la capital italiana, estuvo break abajo y dilató el primer parcial cerca de la hora y media para acabar superado por 7-6 (6) y 6-0. 


«Hay un lógico respeto de los jugadores españoles por Rafael Nadal, uno de cuyos fundamentos se encuentra en sus cruces pasados. Mira Verdasco, que le acaba de ganar por primera vez en Madrid, mira Ferrer... Cuando llegan los momentos cruciales, eso pesa», dice Wilander. La segunda semifinal tendrá los mismos protagonistas de 2011, Djokovic y Federer.


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Adiós Preciado.


Manolo preciado ex entrenador del Sporting de Gijon que fue despedido a mitad de temporada debido a los malos resultados ha fallecido esta noche en una residencia cerca de la playa del Perelló en una localidad costera de Valencia a causa de un ataqué al corazón.

Preciado que aún contaba con tan solo 54 años era un entrenador muy querido por todos gracias a la personalidad que le caracterizaba,cercano y afable.Pasaba unos días de descanso junto a su pareja y estaba negociando su fichaje con el Villareal.


Iba a ser presentado como su nuevo técnico mañana viernes por la mañana,pero la mala fortuna no ha querido que esto pasara.

Después de hacerle la autopsia en que ya se ha practicado en el Instituto de Medicina Legal de Valencia,está siendo trasladado a Santander.



Descansa en paz,fuiste un gran jugador,un gran entrenador y una gran persona.



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Djokovic venció a Tsonga.



Hay dos maneras de prosperar en Roland Garros. Frente al caminar vigoroso, el trote severo e incuestionable de Rafael Nadal, que hoy (alrededor de las 15.30 h., Cuatro) busca ante Nicolás Almagro su clasificación para las semifinales, está el imperativo heroísmo de Novak Djokovic y las reiteradas dudas de Roger Federer, quien ayer también hubo de apurar hasta los cinco parciales. El número uno y el tres del mundo van un paso por delante, merced al dictado del calendario del torneo. Ambos se cruzarán el viernes en busca de una plaza en la final, como sucediera en 2011, cuando el suizo puso fin a una racha de 43 partidos invictos de Nole. Con la firmeza de Nadal discurre David Ferrer, quien también hoy peleará, contra Andy Murray, por unirse a los tres grandes en la penúltima ronda del torneo. 

París disfrutó ayer de una jornada colosal. No faltó uno solo de los ingredientes que convierten el deporte, en este caso el tenis, en un espectáculo extraordinario, con un grado asombroso de imprevisibilidad. Nadie daba un franco por Federer cuando estaba dos sets abajo ante Juan Martín del Potro, a quien aún le resistía la maltrecha rótula de su rodilla derecha. Pocos apostaban por Djokovic viéndole afrontar una tras otra las cuatro bolas de partido a que le sometió Jo-Wilfried Tsonga, quien plasmó un ejercicio sublime de valentía, sólo falto de culminación no tanto por carecer de instinto homicida como por la capacidad de supervivencia de su adversario, plasmada en un grado inferior en el encuentro de octavos del domingo frente a Seppi. 


«Ha sido un partido de locos. Él ha jugado mejor y yo he tenido la fortuna de salvar cuatro pelotas de partido», dijo el serbio, antes de manifestar que no ve un favorito en su semifinal con Federer. 
Conviven en la competición modos opuestos de seguir adelante. Con la realidad en la mano, con sus números, con las sensaciones, apenas existiría discusión sobre la certeza de que Nadal ganará el domingo su séptimo título en Roland Garros y pasará por encima del registro ahora compartido con Bjorn Borg. Ha cedido tan sólo 19 juegos, menos que nunca en sus ocho presencias en el torneo, ha marcado unas distancias mayores con respecto al resto que en cualquier otra edición. Bastaría confrontar estos datos con los de los dos hombres llamados jerárquicamente a desafiarle. Novak Djokovic, sin duda, la oposición más real, que ha soportado ocho horas y 27 minutos en pista para sacar adelante sus dos últimos partidos. Roger Federer, a quien hizo ruborizar en octavos un muchachito sin pedigrí alguno llamado David Goffin, rescatado de la previa como lucky looser, el tercero en arrebatarle un set de manera consecutiva, antes de que Del Potro pusiera en cuarentena su presencia en el torneo, le amenazara con tomar el destino que le impuso hace dos años Robin Soderling, también en cuartos de final. «Está muy bien levantar dos sets adversos; no se consigue todos los días», dijo el helvético. 



Pero, felizmente para un juego que contempla también otra serie de variables, no cabe barruntar su desenlace a través de inobjetables hechos pasados. Queda por ver en qué medida Djokovic y Federer serán capaces de positivizar lo sucedido, de retroalimentarse con su propia sangre. Al fin y al cabo, nadie ha puesto en duda la inapelabilidad de Nadal hasta la fecha. Difícilmente lo hará hoy Almagro, derrotado en sus siete enfrentamientos previos, dos de ellos en esta misma ronda del torneo. 


El número uno del mundo, y dejemos por un momento de lado a Federer, pues fue el balcánico quien ganó al zurdo en las finales de Madrid y de Roma del pasado año, en el que ejerció una hegemonía brutal, se ha habituado a las situaciones límite y, más allá del peaje físico que pueda pagar por ello, irrumpe en las rondas finales con el orgullo a prueba de bomba; particularmente después de lo acaecido ayer, con un aura indestructible. También lo posee Nadal, que ha hecho las tareas sin correr el riesgo del suspenso, ajeno a la necesidad de acudir a un examen de repesca. Djokovic ha empezado a padecer mucho antes de lo que tocaba. A la hora de someterse a las exigencias de Federer o a las posteriores a que, en caso de triunfo, seguramente le abocará el gran favorito para alzar la copa, tendrá el cuerpo cubierto de cicatrices, pero estará ya acostumbrado a sufrir, con la cabeza amueblada para enfrentarse a toda adversidad, a cualquier esfuerzo límite.


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Samuel sufrió una caída en el kilómetro 47.



El Dauphiné Libéré, que es el termómetro del Tour, marcó una temperatura muy alta para Samuel Sánchez. Tanta, que estuvo a un paso de dejarlo aparcado en casa el mes de julio, después de que ayer, en una jornada que se resolvió al sprint a favor de Cadel Evans, sufriera una caída en el kilómetro 47 que se saldó con un insoportable dolor en la zona costal izquierda, que en una primera observación, desde el coche de los médicos pareció una fisura, más grave que una contusión simple y menos compleja que una fractura. «Dudo mucho que con una costilla rota, hubiera podido llegar a la meta», le dijo uno de los médicos que le atendieron al director del equipo, Gorka Gerrikagoitia, lógicamente preocupado por la salud del ciclista. 

Samuel se cayó en el descenso de la cota de Saint André y llegó doblado a la meta, pero acabó la etapa después de 140 kilómetros soportando un dolor que parecía insoportable, tras ascender cuatro puertos de montaña. Estuvo a punto de atravesar la llegada fuera de control, pero finalmente perdió 23.54 minutos y salvó el pellejo. 


Los ciclistas son hombres de hierro. Durante 140 kilómetros circuló sobre la bicicleta en persecución del pelotón, junto a Ricardo García y Peio Bilbao, que se sacrificaron por su jefe de filas. Juntos ascendieron cuatro puertos de montaña a un ritmo más lento que el pelotón, por el afán de Samuel de terminar la etapa. Llegó, cruzó la línea y se metió en el autobús del equipo entre grandes muestras de dolor. No podía ni siquiera caminar erguido. Poco después fue trasladado al hospital de Saint Vallier, donde le hicieron varias radiografías del costado y de la espalda. 

Después de su análisis los médicos no detectaron más que una fuerte contusión con inflamación de la zona, pero no vieron rotura ni fisura. En principio, mandaron a Samuel al hotel del equipo y en función de cómo haya pasado la noche, tomará la salida o no en la tercera etapa del Dauphiné que se disputa hoy entre Lamastre y Saint Felicien, de 160 kilómetros de recorrido. «Nos han dicho que habría que hacerle un TAC para detectar si hay algo más, pero por ahora, los médicos creen que sólo es el golpe», apuntaba Jesús Aizkorbe, el portavoz del equipo Euskaltel. 


Samuel Sánchez, si toma la salida, tendrá que enfrentarse a cinco puertos de montaña, más la llegada, que se disputa en alto, en un alto de cuarta categoría. No es el trazado ideal para descansar y recuperarse de los dolores, pero el asturiano está dispuesto. 

Es una buena señal de cara al Tour y a los Juegos Olímpicos de Londres, para los que ha sido seleccionado y en los que deberá defender su título de campeón, que consiguió junto a la Gran Muralla en Pekín. Si el debate es tomar la salida o no en la siguiente etapa, parece obvio que no tendrá problemas para liderar a su equipo, el Euskaltel, en la edición del Tour que parte de Lieja (Bélgica), ni para, después, tomar la salida en las pruebas en línea y contrarreloj en los Juegos de Londres, apenas unos días más tarde de que finalice la grande boucle.
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Ilusión por España.



Andrés Iniesta lo cambia todo. La presencia del futbolista del Barcelona proporciona desde ayer la ilusión definitiva para creer en España en la defensa del título que inicia el próximo domingo (18.00 horas) ante Italia en la Eurocopa. El torneo comienza el viernes, pero la vigente campeona, la gran candidata, el equipo llamado a encadenar, por primera vez en la historia, dos títulos Europeos con el Mundial en el medio, sabe que cuenta con la mejor versión de Iniesta desde ya. Y eso, en fútbol, es mucho. Casi lo es todo. 

El último amistoso de la cuestionable preparación del equipo nacional terminó con un triste 1-0 (el gol fue de Silva) a favor del equipo de Del Bosque. Ni la China de Camacho ni el calor sevillano se parecen a la Italia de Prandelli o a la primavera polaca. Los futbolistas apenas llevarán tres días juntos antes de viajar, mañana por la tarde, a la concentración donde van a estar, si todo va bien, las próximas cuatro semanas.


 Faltan Puyol y Villa, ahí es nada, pero todo comienza a lucir en las botas menudas de un jugador diferente, que para beneficio de Del Bosque y de la hinchada parece haber llegado al momento importante en el estado idóneo. Se intuyó eso en la final de la Copa del Rey, pero ayer se pudo confirmar. Iniesta es la gran esperanza para una España prudente y con el mismo número de cautelas que de esperanzas. El manchego cambió ayer la cara del equipo. Le dio ese toque, preciso y veloz, seña de identidad del colectivo. Resolvió, después de 21 disparos a puerta, el encuentro con una jugada maravillosa donde terminó dándole un balón maravilloso a Silva, otra de las buenas noticias que han de llevar a España al principio del objetivo: Italia.
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Nadal vence en la segunda ronda de Roland Garros.



«Me siento bien este año, con una actitud más positiva que en 2011, cuando en muchas ocasiones sufrí más que disfruté», confesó ayer Rafael Nadal tras su victoria en la segunda ronda de Roland Garros. «El año pasado se me hizo muy largo y pesado, jugué con mucha ansiedad mental. En el Masters lo hice muy mal porque llegué muy cansado. Por eso ganar a Del Potro en la final de la Copa Davis fue tan importante. 


En 2012 he empezado con buenas sensaciones y el Open de Australia ha sido quizá el mejor torneo que he jugado en pista rápida», añadió. 
Superado el bache anímico y físico de la temporada anterior, el balear parece a punto de alcanzar su mejor estado de forma coincidiendo con su torneo favorito. Lo certificó ayer su rival, el uzbeco Denis Istomin, a quien venció cómodamente por 6-2, 6-2 y 6-0 en apenas una hora y 50 minutos. «Se desplaza con rapidez, golpea con una potencia tremenda y tiene un servicio soberbio. Nunca me había enfrentado a él en tierra batida y ha sido toda una experiencia», declaró tras el partido el número 43 en la clasificación ATP. 


Lo cierto es que Nadal se mostró intratable ayer sobre la pista Suzanne Lenglen y sólo permitió a su contrincante anotarse 43 puntos y cuatro juegos. Las estadísticas indican que este es el mejor arranque del español en sus ocho participaciones en el Grand Slam parisino. Con sólo nueve juegos cedidos en las dos primeras rondas, ninguno de los otros clasificados para la tercera eliminatoria se acerca siquiera a sus números. Pero él prefiere relativizar estos datos y hablar de sensaciones. «Lo importante es celebrar mi cumpleaños en París y no en Mallorca», dijo sobre su 26º aniversario, que será el próximo domingo 3 de junio. 


«Creo que he jugado un partido bastante sólido a pesar de que, durante el segundo set, tuve algunos problemas con mi saque. El tercer set fue genial, estoy muy contento de cómo lo jugué», comentó el seis veces ganador de Roland Garros. Comparando este encuentro con el que disputó hace tres días contra Bolelli, el rey de la tierra batida apuntó que Istomin luchó y se resistió pero, al menos, le permitió jugar. Mientras que el boloñés «salió tan fuerte y agresivo que prácticamente lo hizo él todo: ganar y perder puntos». 


Nadal tendrá que imponerse mañana al argentino Eduardo Schwank (27 en la ATP), que viene de doblegar con mucho mérito al alemán Florian Mayer (12), si quiere seguir adelante. Sobre su próximo rival, el rosarino dijo que «estar jugando tercera ronda con él es un premio». Para Schwank, Nadal es el «mejor en tierra». «Tengo que salir sí o sí a ganar. Si no, me voy a comer un 6-0, 6-0 y 6-0. Hay que estar al 100%», añadió. 


La quinta jornada se cerró ayer con la buena noticia de la clasificación de David Ferrer, que se impuso al francés Benoit Paire en una hora y 47 minutos por 6-3, 6-3 y 6-2 y pasa así a tercera ronda por octavo año consecutivo. Ferrer sumó con esta su victoria número 23 en Roland Garros. El próximo rival del jugador de Javea será Mijail Youznhy que derrotó al holandés Robin Haase por 6-3, 7-6 y 6-4. Por su parte, Nicolás Almagro sumó su séptima victoria consecutiva al derrotar a Marcos Baghdatis, finalista en Australia en 2006, por 6-4, 6-3 y 7-5 y confirma su buen momento tras ganar la semana pasada el abierto de Niza.
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