Purito lidera el ranking


Regreso al pasado para recobrar la sonrisa. Repetición de jugada maestra para reconquistar la clásica de las Hojas Muertas y terminar la temporada como número uno del ranking de la UCI. Joaquim Rodríguez, una semana después de sus inconsolables lágrimas por la plata amarga del Mundial de Florencia, reeditó su triunfo en el Giro de Lombardía, utilizando la misma estrategia de la edición anterior. 

El pequeño corredor afincado en Andorra, como hizo en 2012, atacó camino de Villa Vergano a falta de 10 kilómetros para la conclusión. Otra vez, cielo plomizo, lluvia y frío. Escenario favorable para el catalán. 
La última gran clásica de la temporada comenzó a fracturarse en el Muro de Sormano, a 80 kilómetros, con una andanada del Movistar, que movió fichas para colocar delante a Valverde y Nairo Quintana, con Rui Costa, el campeón de mundo, ejerciendo de sacrificado gregario. Por el camino presentaron bandera blanca ilustres como Contador, Urán y Nibali. 

El acelerón del equipo español fue aprovechado por el histriónico Thomas Voeckler, que a 40 kilómetros abandonó el grupo cabecero para conseguir una mínima renta. A falta de 11 kilómetros fue neutralizado el francés y seguidamente saltó Purito, en una acción similar a la del pasado Mundial, se fugó cuando se ascendía un pequeño pero duro repecho. 

Nadie le pudo seguir, Valverde lo intentó y se quedó a medio camino. Otra vez los dos protagonistas de Florencia, con Purito siempre por delante. El catalán se conocía el camino de memoria y administró eficazmente las reservas para presentarse en solitario en la meta de Lecco. Otro triunfo en una prueba talismán que hace olvidar la amarga plata del Mundial y para terminar el ranking UCI en primera posición, en perjuicio del lesionado Chris Froome. 

«Sinceramente, ha sido una victoria espectacular. Todos sabemos que el Giro de Lombardia es un monumento y, con este estado de forma, tenía ganas de volver a ganar. Y triunfar así, de esta forma, atacando y llegando en solitario», explicó Purito en la meta, para después recordar el llanto de Florencia. 
«Me hubiese gustado ganar con el arcoíris, pero aun así es una victoria genial: era el hombre a batir, todos sabían dónde iba a atacar, y aun así lo logré», añadió.
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Casillas reconoce haberse sentido débil


En las puertas del Bernabéu los más supersticiosos teorizaban sobre qué le podía suceder anoche a Iker Casillas, tras la racha de infortunios que acumulaba el portero desde el pasado mes de enero, cuando su compañero Arbeloa le rompió la mano. ¿Una roja rauda? ¿Un problema estomacal? ¿Un pelotazo de Pepe en mal sitio? En su última aparición, un leve golpe de Ramos le dejó KO en Estambul hace 15 días. ¿Qué sería ahora? Por suerte para él, la noche de su regreso a Chamartín se saldó sin incidentes, aunque en el primer balón que buscó acabó por los suelos. Sólo un susto, nada más. 

Superados los primeros minutos de una pieza, cogió poco a poco la medida a la que fuera su área durante más de una década. Su nombre fue recibido con ovación y tampoco se escucharon pitos de sus críticos, mucho más activos fuera del estadio que dentro. 

No era titular en casa desde el pasado 15 de enero, una eternidad que ayer le pasó factura. No se le quitó en toda la noche el gesto triste que arrastra desde hace tiempo y en un par de intervenciones tembló como un principiante. El Copenhague estuvo a punto de empatar en una malísima salida del guardameta en un córner. Le salvó del bochorno Modric, listo para sacar la pelota de la línea de gol. 

«Tenía algunos nervios al principio. Este tiempo no ha sido fácil para mí», asumió Casillas, abierto a los micrófonos tras finalizar el encuentro. Sin ganas de mirar por el retrovisor, sí reconoció que pensó en marcharse. 

Una idea caducada, por el momento. «Cuando estás tanto tiempo sin jugar se te pasa de todo por la cabeza, incluso pensar en irte, pero ahora mi idea es seguir y retirarme en el Madrid», explicó sin demostrar rencor hacia el club («se portó muy bien conmigo») y señalando al escudo como faro a seguir. «Lo más importante por encima de cualquiera es el Real Madrid», dijo antes incluso de aplaudir la alternancia de porteros de Ancelotti. «Me parece fenomenal. La competencia es saludable. Te hace apretar los dientes». 

Antes había saltado al césped con el recuerdo de lo sucedido hace poco más de un mes, en el homenaje a Raúl. Aquel día se le vio incluso con reparos a acercarse a su portería del fondo sur, pero anoche no hubo ruido en contra del capitán. 

Hasta el minuto 27, el madrileño no atrapó el balón con seguridad, en un disparo suave desde la frontal. Lo agarró con ganas, con las dos manos, buscando confianza. Necesitaba reencontrar las mejores sensaciones. Al regresar del vestuario, ya en la segunda parte, el fondo norte le recibió con un cálido aplauso. 

Movía la cabeza Casillas porque el partido avanzaba con el escaso 1-0, mientras Khedira seguía con su fútbol industrial y la bienvenida alegría de Marcelo no era suficiente para terminar de tumbar a los daneses. Iker giraba el cuello, no lo veía claro. Sólo respiró al ver la espectacular rabona que improvisó Di María para poner a Cristiano el segundo gol. No sabía el portero que su momento estaba por llegar. En el descuento, el capitán tuvo trabajo extra. 

En menos de un minuto salvó un uno contra uno, despejó de la escuadra con un manotazo de felinos reflejos y tapó la última ocasión danesa. Entonces sí, el Bernabéu (la afición que quedaba aún) le cantó al oído su melodía favorita: El «Iker, Iker, Iker» era el bálsamo ideal tras meses en tinieblas. «He estado débil, me he sentido débil. He estado en boca de todo el mundo y no quería. Yo lo que quiero es jugar al fútbol y en el Madrid. Llegará el día en el que tenga que marcharme, claro, pero no es ahora».
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Mourinho sigue llevándose mal con la prensa


La relación de Mourinho con la prensa no ha evolucionado tras su salida de España. El luso sigue viendo en los medios a un elemento incómodo y ayer, tras 15 minutos de rueda de prensa en la previa del partido que el Chelsea disputa hoy en Bucarest, se hartó de responder preguntas y abandonó la sala dejando a Frank Lampard sólo ante el peligro. 

La mecha la prendió una pregunta sobre una decisión técnica, un terreno en el que el portugués no admite recomendaciones ni influencias. Concretamente, fue interpelado por la ausencia del centrocampista belga Kevin De Bruyne en la convocatoria para el partido ante el Steaua, cita convertida en trascendental tras la derrota en casa frente al Basilea en la primera jornada. 

«No me ha gustado como jugó Kevin ante el Swindon, así que he decidido no convocarlo. Siempre me preguntáis por los que no juegan», comentó el portugués, que apostará en su lugar por Juan Mata. «Hasta ahora me preguntábais por qué no jugaba Mata y ahora que he anunciado que será titular, me preguntáis por Kevin», añadió el técnico, visiblemente molesto, antes de abandonar la conferencia. 

Mata no será la única novedad en Rumanía. Hazard, uno de los jugadores capitales del Chelsea en el inicio de temporada, tampoco estará disponible por unas molestias en el tobillo. Mourinho podría apostar de inicio por Willian, el extremo por el que el club inglés desembolsó este verano 37 millones. 

Otro partido atractivo de hoy es el Arsenal-Nápoles, el reencuentro entre Özil e Higuaín. Ayer, el argentino no tuvo reparos en elogiar al alemán: «El fichaje de Özil es una ganga, es uno de los mejores del mundo. Para los delanteros es muy bueno jugar con él porque te da oportunidades de marcar».
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Piatada a Benzema


Las modas llegan y se van de la grada del Bernabéu. Superados (más o menos) los desvelos que provocó la portería, con Diego López afianzado en la Liga, ahora es Karim Benzema el que más música provoca en las tribunas. Él y Carlo Ancelotti se repartieron los silbidos del sábado ante el Atlético, con mayor continuidad para el francés. El italiano se los llevó al sentar a Isco, pero el runrún con el delantero fue otra vez constante. Atascado toda la noche, remató a portería tres veces en los 90 minutos que jugó, las mismas veces que Álvaro Morata, rescatado para el arreón final como medida de emergencia. 

En la Liga ha marcado dos goles en siete jornadas y, aunque ha dado otras dos asistencias, su papel está muy cuestionado en una temporada decisiva para él. El club ha apostado fuerte por el francés al permitir la venta de Gonzalo Higuaín. Se creía que la competencia con el argentino le agobiaba y que sin adversarios podría dar su mejor versión. Sin embargo, no termina de explotar, sobre todo en el coliseo blanco, donde parece sentir la presión. El resoplido del estadio pesa mucho sobre los hombros, como bien lo saben jugadores como Guti, tan talentoso e irregular al estilo del francés. El madrileño se supo ganar finalmente a una afición tan sensible a la calidad como al esfuerzo. Benzema no termina de captar las sensibilidades de Chamartín, donde un sprint a por el balón, aunque sea baldío, se valora. 

El Madrid pudo acudir al mercado de verano a comprar un goleador de altísimo nivel, como Cavani, Luis García o Falcao. También se preguntó por Wayne Rooney, pero en la dirección técnica no querían volver a presionar al 9 de Lyon. Le daban el puesto fijo, pero con una advertencia seria: o triunfaba esta temporada o su futuro estaría en peligro. En los primeros episodios del curso no ha despegado, acentuando uno de los flancos más vigilados de la actual plantilla: la posición de delantero. Carlo Ancelotti aceptó la configuración, con Benzema al frente para tan decisiva plaza y dos jóvenes relevos por detrás, como Morata y Jesé. 

Tras ocho encuentros oficiales, el francés ha sido titular siempre y los canteranos apenas han aparecido en el campo. No les siente Benzema como una amenaza y Ancelotti da la sensación de no creérselos todavía. Pero el viaje se complica y el italiano va a verse forzado a activar a los dos chavales si quiere que le sirvan de verdaderos revulsivos en muchos partidos, antes de que una lesión o una sanción del titular le obligue a soluciones alternativas. Su plan A podría pasar por colocar a Cristiano de delantero puro, acompañado en las bandas por Gareth Bale y Ángel Di María. Si no, tendría que mirar hacia Morata o Jesé o fichar un ariete en invierno. 

La pareja de canteranos es otra de las principales apuestas de esta temporada, con el propio Florentino Pérez muy ilusionado con su encaje en el primer equipo. En el Castilla, con siete derrotas en los primeros siete partidos de Liga, les echan muchísimo de menos. Se rechazaron ofertas interesantes por ambos con el objetivo de que fueran madurando bajo la gestión de Ancelotti. Hasta ahora Morata ha jugado 78 minutos y Jesé sólo 20. El primero estuvo a punto de empatar el sábado ante el Atlético, pero el canario, una de las perlas de Valdebebas, ni si quiera saltó a calentar. Aspirante de mucho carácter, empieza a perder la paciencia. Como el Bernabéu con Karim Benzema.
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El Atlético superior


No hay que ir muy atrás para recordar partidos del Atlético contra Osasuna –o contra Zaragoza, Valladolid, Almería... da igual– en los que un final como el de ayer terminaba en un gol inverosímil tras rebotar en siete defensas y dar cuatro veces en el poste. No es necesario un esfuerzo excesivo de la memoria para caer en alguna noche donde, como la de ayer, el Atlético era mejor que su rival, pero terminaba lamentando la huida de los puntos porque su área era una verbena. Ayer llegó, por primera vez en mucho tiempo, el equipo de Simeone con un marcador apretado al final, y sin embargo en toda la segunda parte apenas se le puede apuntar a Osasuna un remate de Oriol Riera que salió lejos, lejísimos, de la portería de Courtois. 

Es decir, que el Atlético no pasó apuros porque Osasuna no le creó ningún peligro, pero sufrió porque se sufre, qué caramba, cuando uno gana por apenas un gol. Antes, cualquier rebote, cualquier estrategia, hubiese supuesto el empate. Hoy no. Hoy el Atlético evita los sudores, confía en sí mismo y, aunque en la segunda parte no esté al nivel acostumbrado, saca adelante el duelo y suma los tres puntos, y ya son 18, pleno igualando el mejor arranque de siempre camino del Bernabéu, escenario del derbi el sábado. 

Quedan muy lejos los tiempos en que los rivales venían al Calderón con alegría, embargados por una sensación parecida al optimismo. El estadio rojiblanco hubo un tiempo en el que era verdaderamente dadivoso con sus invitados y era raro el que, un año u otro, no se llevaba algo en los bolsillos. Hoy la mayoría de los equipos van al Calderón con las precauciones mostradas ayer por Osasuna, recostado en su propio campo y esperando para salir si tenía alguna oportunidad. Eso, salir a buscar a Courtois, era algo secundario en todo caso. Es así que el Atlético se vio con la pelota y con un montón de gente del rival por detrás de ella. 

Dice Simeone que este curso están mejorando el ataque posicional, y falta le va a hacer porque los oponentes comparecen hoy a la orilla del río con el gesto severo, sabiendo que enfrente tendrán a un grupo que lo gana, de momento, todo y que es capaz de mirar de frente al Barcelona. Por ahí tuvo el Atlético el balón casi en monopolio y, aunque le costó encontrar la fluidez, hizo los méritos suficientes para tomar ventaja cómoda en el marcador. Eso fue cosa, como casi siempre, de Diego Costa, un futbolista que hoy sería capaz de hacer rentable una inmobiliaria. Le sale absolutamente todo al brasileño. Tras un susto inicial en el que Sisi, tras rebotes en Godín y Miranda, envió un balón al poste, Arda abrió el balón a la derecha, Juanfran controló como pudo, que fue muy bien, y su balón casi golpeó en la pierna de Diego Costa. Era el primero. Siguió el Atlético a lo suyo y poco después, en un centro maravilloso de Koke, el delantero conectó un cabezazo soberbio que dejó a Andrés Fernández –buen portero– con un palmo de narices. Un golazo que ponía, pareció, la calma en el marcador para lo que restaba de partido. Y así hubiera sido si en un despiste de Insúa a poco del descanso, Oriol Riera no hubiera conectado un remate en el área pequeña. Ahí estuvo el fallo rojiblanco. 

Precisamente por Insúa debiera comenzar el análisis de los cambios que introdujo Simeone. La conclusión, a bote pronto, es que Filipe tiene asegurado su puesto. Al lateral argentino se le vio muy lejos del ritmo que exige este equipo ahora mismo. El cambio de Tiago por Gabi –que sólo duró un tiempo por el golpe recibido por Mario– es más habitual. También se le notó algo descolocado a Leo Baptistao, que sin embargo trabajó junto a Costa lo indecible. 

En la segunda parte, de hecho, fue el Atlético el que tuvo las ocasiones más claras, especialmente dos de Arda, un virtuoso cansado ayer. Igual que Koke, desaparecido en ese segundo parcial. Pareció notarse un poco los constantes partidos y pareció notarse, también, que el Atlético ya se sabe uno de los grandes y estos partidos, antes de un derbi, quedan un poco desubicados, igual que los que debe disputar antes de una jornada de Liga de Campeones.
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Bale no pudo debutar


Casi al final de los ejercicios de calentamiento del equipo, Gareth Bale se echó la mano al muslo izquierdo. Habló con uno de los fisios y con el médico. Poca gente dentro del estadio se dio cuenta, pero Isco se puso a calentar cuando el equipo volvía a los vestuarios para el último refresco. El galés se había lesionado y, por precaución, no jugó. «He hablado con los doctores y no parece que sea un gran problema, pero el jugador no estaba cómodo y era mejor no forzar», explicó después su entrenador en la sala de prensa. 

Hoy por la mañana le harán una resonancia magnética y, aunque lo normal es que no juegue el miércoles en el Martínez Valero ante el Elche, Ancelotti dijo confiar en recuperarlo para el derbi del sábado. El chico, algo tocado en la moral, vio el partido tumbado en la camilla del vestuario del equipo recibiendo tratamiento. Primero un poco de hielo y después masaje para tratar de soltar un poco el músculo. 

A Bale le ha pasado factura la pretemporada. Mejor dicho, la ausencia de la pretemporada. «Claro que él ha tenido una pretemporada difícil, no sólo en lo físico, también el aspecto mental, porque él ha esperado mucho para estar aquí», dijo Ancelotti. Bale se ha lesionado después de aterrizar deprisa y corriendo el penúltimo día del mercado, irse corriendo a jugar la concentración con su selección y jugar, entre su equipo nacional y el Madrid, apenas 120 minutos en 22 días. Fueron 33 con Gales, 60 en Villarreal y 27 en Estambul. Su ausencia, inesperada, mandó al campo a Isco y al banquillo a Varane, que regresó, a trompicones, a una convocatoria. Esos movimientos hablan del fondo de armario del que dispone el Madrid, de ahí que Ancelotti lo tenga claro. «Tenemos que mejorar nuestra idea de juego, sobre todo combinar el uso de la banda con un juego más variado. Jugamos mucho atrás para cambiar luego, cuando es mejor un cambio de juego utilizando los mediocampistas». Y cerró: «Pero piano piano».
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El verdadero significado de Roland Garros


Mañana se cumplen 100 años de la mayor hazaña protagonizada por Roland Garros: la primera travesía aérea del Mediterráneo, acometida por este ídolo de la aviación francesa el 23 de septiembre de 1913 en el tiempo récord –para la época– de 7 horas y 53 minutos. Eso duró el vuelo entre Marsella y Túnez. 
Muerto cinco años más tarde, a la temprana edad de 29 años, cuando su caza SPAD fue abatido por un Fokker D-VII alemán en Las Ardenas, Roland Eugène Adrien George Garros pasaría a la historia como un héroe nacional gracias a sus victorias en combates aéreos durante la Primera Guerra Mundial y a su labor como pionero de la aviación civil. Hoy, sin embargo, su nombre es asociado por el gran público al torneo tenístico de los Internacionales de Francia –uno de los cuatro Grand Slam–, que se juega en el estadio parisino erigido en 1927 en su honor. 

¿Qué relación tiene con la más importante prueba sobre tierra batida del circuito este piloto del siglo pasado que, según un reciente artículo de L’Equipe, «pasó en cinco años de dandi a arcángel, desafiando las leyes de la gravedad para planear por encima de las contingencias y, de un golpe de hélice, cruzar el Mediterráneo»? Pues más bien poca, aunque se trataba de un deportista reconocido que practicó en su juventud el fútbol, el ciclismo o el rugby. 

Cierto es que nuestro hombre jugó alguna vez al tenis, como socio que era del club Stade Français, pero no fue manejando la raqueta como obtuvo su fama. El caso es que hacía falta construir unas instalaciones donde el legendario equipo de Los Cuatro Mosqueteros (Lacoste, Borotra, Brugnon y Cochet), que ganó nada menos que seis veces la Copa Davis, pudiera jugar como local y, con el fallecimiento de Roland Garros todavía reciente, su amigo y ex compañero de estudios en la Escuela de Altos Estudios Comerciales (HEC), Émile Lesieur, antiguo jugador de rugby y entonces presidente del Stade Français, puso como condición para aportar fondos rendir homenaje al héroe bélico difunto. 

No era para menos ya que, en plena Belle Époque, Roland Garros le había contagiado a sus conciudadanos el sueño de volar al tiempo que había ayudado a desarrollar un ingenio militar de combate que permitía disparar en vuelo a través de la hélice. Pero entonces ni Lesier ni nadie imaginó que el estadio, diseñado para intentar el asalto a la ensaladera de 1928, terminaría convirtiéndose en un templo internacional del tenis. 

Oriundo de la isla de la Reunión, territorio francés del océano Índico, Garros se hizo célebre por ganar pruebas aéreas como la del circuito de Anjou y por sus proezas aeronáuticas en Brasil, Argentina o Cuba. Para restituir su memoria, la Asociación Aeronáutica y Astronáutica de Francia (AAAF) organizó en 2010 una Conferencia Internacional: «Roland Garros, un inmenso pionero desconocido». Y tras sus pasos se inauguró poco después el anfiteatro que lleva ahora su nombre en el Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget. 

Tenía 24 años cuando efectuó la primera travesía sobre el Mediterráneo. Había sufrido una avería en Córcega y no obstante, logró el aterrizaje con apenas cinco litros de gasolina. En febrero, el avión original con el que realizó la travesía Marsella-Túnez, un Morane-Saulnier H, así como su coche personal, un Bugatti, fueron exhibidos en la Feria del Automóvil de Colección. Fue el comienzo de una serie de homenajes que recordarán al pionero del cielo reconvertido, sin quererlo, en nombre y leyenda del tenis.
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