Diego López y Casiilas se acercan



Conscientes de la inmensa lupa que les enfoca, los dos en Estambul cuidaron con delicadeza los gestos. Iker Casillas se retiraba hundido por el maldito golpe de Ramos, en el primer balón que tocaba, y sólo levantó la cabeza para aguantar unas décimas de segundo y desear suerte a Diego López, que atorado por las prisas (los guantes, las botas, el cuarto árbitro...) tardó un instante en ver que su compañero le intentaba acariciar. Los dos se fundieron en un rápido pero intenso abrazo. Iker se marchó dolorido, aunque ayer pasó pruebas médicas para descartar lesiones graves. Es una contusión que no le impedirá estar bajo los palos en la próxima cita de la Champions. 

Al finalizar el encuentro del martes, después de la goleada y un puñado de intervenciones soberbias, Diego López aprovechó los micrófonos para lanzar un mensaje claro, con fondo, en el peculiar duelo donde anda metido. «Estoy jodido por la lesión de un compañero», dijo, obligado a no bajar la guardia ante las cámaras ni siquiera tras el esfuerzo de 90 minutos. Los detalles sabe que cuentan tanto ahora mismo como su buen trabajo sobre el césped. 

En el abrazo del Ali Sami Yen había también una carga íntima de significado que sólo ambos manejan, tras meses de complicada relación personal. Sin tener nada el uno contra el otro, la situación de competencia extrema, con tanto fanatismo a favor y en contra de cada uno, les hizo distanciarse. Se cruzaban las palabras justas fuera de los ejercicios en los entrenamientos. Desde la pretemporada, aseguran en el vestuario que ha habido un notable acercamiento. Han naturalizado su relación y la tensión ha bajado. Los dos han puesto de su parte, siendo Diego el que ha tomado la iniciativa por respeto a la figura del capitán. La alternancia propuesta por Carlo Ancelotti ha ayudado también a suavizar la atmósfera, para alivio del grupo. 

Fuera del campo, Diego López lleva meses gestionando el desgaste del debate nacional creado en torno a la portería blanca. Llegó en enero ilusionadísimo al Madrid, sin imaginar el carrusel que le esperaba. Tras los primeros vaivenes, optó por aislarse mediáticamente, sin leer prensa deportiva, ni escuchar debates radiofónicos y saltándose los bloques deportivos de los telediarios. El discreto gallego se vio, de repente, en el centro de una guerra mediática y casi civil en las redes sociales, con enfrentamiento de seguidores madridistas de ambos guardametas. 

El choque llegó a la grada del Bernabéu, con el escándalo organizado en el homenaje a Raúl. Diego López estaba acostumbrado a preparar su físico a conciencia, pero le tocó también protegerse psicológicamente. 
Este verano se refugió en sus dos pueblos gallegos, el de su mujer y el suyo, sin olvidar dos horas diarias de gimnasio. En Valdebebas, sólo colocan a Cristiano Ronaldo por delante de él en las horas de pesas y en el cuidado de la dieta. Fuerte de músculo y recio de espíritu, su papel en la portería no se resiente. Al contrario, parece mejorar cada día.
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Iker se lesiona


La goleada de anoche despejó el desasosiego de la plantilla blanca en los primeros minutos del partidos, dominados por el Galatasaray y alucinando todos con la lesión de Casillas. Volvió a caer el hombre al que siempre habían puesto en el ojal de la camisa el clavel de la fortuna. La suerte se le escapó por la gatera hace meses al portero y, o da con ella urgentemente, o se va a oxidar en el agujero negro donde anda metido. «No puede ser, no puede ser...», musitaba entre dientes el capitán blanco, al sufrir el golpe de Sergio Ramos. Era su primer balón en partido oficial tras nueve meses fuera del campo. Saltó a por él y su compañero chocó contra sus costillas. «No le he visto. Ha sido realmente una jugada de muy mala suerte», explicaba después el central, cerca ya de la una de la mañana en los interminables pasillos del Turk Telekom Arena.

El pellizco del hueso y el músculo fue durísimo para Casillas, como un derechazo en el riñón. En el banquillo blanco entraron las dudas. ¿Sale a calentar Diego? Los integrantes del cuerpo técnico y los suplentes giraban la cabeza sin creer lo que estaban viendo. Se repitió la escena, con otras connotaciones, del último día de Reyes, cuando el mal fario cayó en los guantes de Adán, titular por ley de Mourinho y fuera de combate a los dos minutos por una traicionera roja. Aquel día era el portugués el que puso cara de asombro ante el giro del destino, favorable todavía a su sorprendente portero suplente. 


Pero allí quedó, en aquella expulsión del pobre Adán, las hadas buenas de Iker, porque desde entonces no le sale una a derechas. Hoy tendrá que pasar pruebas ya en Madrid para averiguar sus dolencias, tras ser arrollado por Ramos en el primer minuto del partido. Después, siguió la goleada de los suyos desde el vestuario. Entró pálido en la caseta, para ir recuperando color poco a poco. «No tiene mucho. Dentro de nada estará otra vez a tope», aseguraba Cristiano Ronaldo. Su relevo fue contundente, para despejar cualquier mala sospecha. «Estoy jodido por la lesión de un compañero», afirmó Diego López, titular reforzado ahora. 

El entrenador madridista era optimista con su portero titular de anoche. «Es un golpe en la espalda. No está preocupado. Ha tenido muy mala suerte, y nos dejó una gran parada», recordó Carlo Ancelotti, para subrayar la buena intervención que incluso lesionado hizo el capitán. El técnico blanco estaba encantado de la vida con la goleada con la que se estrenó con su nuevo equipo en la Champions. Eso sí, Carletto no ocultó el primer acto de los suyos, bastante irregular. 


«El resultado no refleja cómo fue el encuentro. El Galatasaray jugó un buen primer tiempo y a nosotros nos faltó confianza para intentar mandar», explicó antes de ensalzar el arma definitiva de los suyos: «Al contraataque hemos rematado el triunfo. Cristiano y Benzema han estado muy bien». La expedición blanca sonreía también con el empate de la Juventus, que coloca a los blancos al frente del Grupo B, con la ventaja de afrontar los dos próximos partidos de la Champions en el Santiago Bernabéu: Copenhague y Juventus. 
Otro con buena cara camino del autobús era Gareth Bale, interesado él mismo en pararse con la prensa inglesa desplazada a Estambul por él. Entró en la segunda parte y dio un gol a Cristiano. «Estoy ya cerca de mi 100 por 100, casi a tope. Es genial empezar ganando», dijo el galés.
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Nadal va a por todas


Dos días después de ganar su segundo Abierto de Estados Unidos, el decimotercero de sus grandes, Rafael Nadal revitaliza como nunca hasta ahora el debate sobre el calado histórico de su figura. 
Lo más próximo, tangible, es el retorno al número uno del mundo, en la que sería su tercera etapa en lo más alto de la clasificación mundial. Pese a que Djokovic podría elevar de 120 a 250 puntos la actual diferencia con respecto al español merced a la disputa de las semifinales del Grupo Mundial de la Copa Copa Davis, si ambos confirman su presencia en el ATP 500 de Pekín, que comienza el día 30, el balcánico, que defiende título, necesitaría una combinación harto improbable para seguir en el lugar más preciado: ganar la copa y que su rival, ausente en 2012 por lesión, no pasara ronda alguna. 

Nadal podría aparecer liderando el ranking de la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) el 7 de octubre, o una semana después, tras la disputa del Masters 1000 de Shanghai, donde se reproduce la situación. Sería su tercera etapa como número uno, dorsal que ha lucido durante 102 semanas repartidas en dos períodos: el primero de ellos, de 46 semanas, entre el 18 de agosto de 2008 y el 6 de julio de 2009; el segundo, de 56, del 7 de junio de 2010 al 4 de julio de 2011. Nadal tomaría el relevo del mismo hombre que le desalojó del tejado de la ATP al derrotarle en la final de Wimbledon de 2011 en el annus horribilis para él en las citas directas con Nole, que encadenó hasta siete triunfos consecutivos en el cara a cara, contabilizando la final del Abierto de Australia de 2012. 

La tendencia se ha invertido radicalmente, como demuestra el hecho que el zurdo se haya impuesto en seis de los últimos siete encuentros entre ambos. Y con ella, el lógico e inminente cambio de rango. Con diez títulos, Nadal ha firmado ya la mejor temporada de su vida, cuando la incertidumbre era enorme después de padecer la más grave de sus lesiones, un paro de siete meses por los problemas en el tendón rotuliano de la rodilla izquierda que hizo dudar de que pudiera mantener las máximas aspiraciones. 
Sólo en 2005, curso en el que se hizo con 11 trofeos, superó la cifra que ahora presenta. Pero, incluso en el caso de que no sumase en el ejercicio vigente ningún otro título, la cosecha supera cualitativamente a la de entonces. Frente a un Grand Slam y cuatro Masters 1000, presenta las victorias en Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos y el repóker en los que denominaríamos torneos de categoría especial: Indian Wells, Roma, Madrid, Cincinatti y Montreal. 

Es el mejor Nadal de siempre, con más que legítimas aspiraciones a desafiar la que hasta hace no mucho parecía una cuota inalcanzable de majors. Roger Federer, que hoy aparece sexto en el ranking, eliminado en octavos de final de Nueva York por Tommy Robredo y en un elocuente declinar, difícilmente podrá incrementar sus 17 grandes. 

De los jugadores en activo, al margen de Nadal, el más cercano es Novak Djokovic, con siete. El español ya está a uno de Sampras. Un dato significativo es que, como indica el gráfico a pie de página, ha suscrito la conquista del decimotercero con mayor precocidad que los dos únicos tenistas que le preceden en la orla de los grandes campeones. Reacio a prospecciones históricas, y con la prudencia que aconsejan sus recurrentes problemas físicos, Nadal, con buen criterio, prefiere manejarse en el día a día y disfrutar, como lo hizo ayer en su felicidad yaciente sobre la Arthur Ashe de Flushing Meadows, de este nuevo tiempo de esplendor que le ha sido concedido. Es tarea de los observadores, aficionados y periodistas, reflexionar sobre dónde se encuentran los límites de un tenista irrepetible. Su fortaleza y su ambición invitan a las previsiones más optimistas. 
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Poco coche para Alonso


El Gran Premio de Italia dejó a Fernando Alonso con agridulces sensaciones, frustrado en lo deportivo pero orgulloso de la respuesta de la hinchada ferrarista. Su segundo puesto ayer tras Sebastian Vettel le complica muchísimo el título mundial, cada vez más cerca del alemán, con 53 puntos de ventaja ya. El coche rojo no da para más ahora mismo, con su techo en las traseras del Red Bull. Partió bien el español y pronto se colocó a rebufo de su máximo rival, pero Vettel se marchó en las rápidas rectas del vetusto circuito italiano. La persecución fue baldía y el campeonato queda a tiro de piedra del actual líder de la general, un piloto de época que rompe récords como años atrás hacía su idolatrado Michael Schumacher. 

El viejo campeón reventó la historia de la Fórmula 1 con la escudería más famosa del mundo, una escuadra sumida ahora en una peligrosa depresión. Si no hay una remontada casi milagrosa, Ferrari verá cómo por sexto año consecutivo se le escapa el Mundial. Para Alonso será el cuarto año sin corona en Ferrari. Al menos, el asturiano recibió en el podio las muestras de cariño de la hinchada italiana, volcada con él a pesar de los últimos roces que había mantenido con su propio equipo. 

«Alonso mueve montañas con Ferrari», dijo ayer su jefe, Stefano Domenicali, con muchas labores que atender. Además de mejorar el coche urgentemente, la escudería decide estos días si despide a Felipe Massa. El brasileño ayer firmó una buena actuación pero teme que no le sirva de argumento para continuar un año más. En el paddock empieza a tomar cuerpo la posibilidad de que el equipo de Maranello fiche a Kimi Raikkonen, el finlandés al que despidió en 2009 precisamente para hacer hueco a Fernando Alonso. Ahora Ferrari se plantea colocar frente a frente a dos campeones en una maniobra siempre arriesgada. 
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Del bosque apuesta por Casillas


Jugó Casillas, total daba lo mismo intuyendo el partido que después se produjo. Jugó Casillas y sacó una pierna normal en un rebote de Albiol al poco de empezar. Jugó Casillas y alumbró así de nuevo la personalidad de Vicente del Bosque, probablemente mucho más compleja de lo que usualmente se glosa. Jugó Casillas y nada varió en el existir de una selección española que hace mucho tiempo dejó atrás las dudas sobre su esencia. 

Jugó Casillas y la vigente campeona del mundo y de Europa despachó una sesión tantas y tantas veces repetida. Jugó Casillas, en fin, y asistió mudo, quieto, sin más, a una victoria sobre Finlandia que, unida al empate de Francia en Georgia, deja a España con un pie entero y parte del otro en el Mundial de Brasil donde ha de defender título. 

La cuestión de la portería en España se ha convertido en un entretenimiento en sí mismo. La situación que vive el capitán en su equipo, el extraordinario momento del Víctor Valdés, hacen de su titularidad o no, 150 partidos después, una cuestión compleja donde pocos manejan las verdaderas claves del seleccionador. 
Críptico en los mensajes, también en los gestos y hasta en los silencios, ayer apostó por Iker Casillas y sería absurdo reducirlo todo a cuestiones como el brazalete, la confianza o eso más absurdo todavía del peso específico o los galones. Del Bosque eligió a Casillas, también, por una cuestión puramente futbolística, de ese fútbol que son los entrenamientos y donde los técnicos miden desde el estado de ánimo hasta el latido del corazón, pasando por los reflejos, el peso y cuantos parámetros se quieran anotar. 

En todo caso, solventada la cuestión de la portería, Del Bosque acaparó también el inico del partido con la decisión de situar a Koke en el lateral derecho, en una de esas maniobras suyas con precedentes en el papel de Cesc en la Eurocopa o en el de Javi Martínez en la Confederaciones. Definitivamente, el experimento de Koke ayer no salió. Desnortado, ajeno a los automatismos del puesto, el centrocampista del Atlético acusó un despiste tremendo durante toda la noche. No convendría excederse en la crítica al chico, que le puso toda la voluntad del mundo. Sin embargo, vio cómo Finlandia –que envió sus dos primeros balones del partido a esa zona– le encontraba las cosquillas hasta provocar sus dos arreones de la primera parte. Hubo un tercero de los locales, solventado con un disparo de Pukki que se marchó alto. Justo después, España desabrochó el partido. 

Lo hizo como lo había ensayado, de nuevo los entrenamientos bajo el foco. Se dejó caer Cesc hasta casi el centro del campo y abrió el espacio, esta vez por el centro, para Jordi Alba, el señalado durante la semana para ese plan. Fábregas dibujó un balón maravilloso y el lateral del Barça, en una jugada que está empezando a convertir en seña de identidad, controló con la izquierda, recortó hacia dentro y la empujó con la derecha. Era la consecuencia lógica de esa tendencia de la selección en el último año a acostarse sobre su izquierda. El brillo de Alba exige el sacrificio del hombre que juega por delante suyo, ayer Villa, afanado fundamentalmente en buscar la diagonal hacia el centro para dejarle el espacio a él. En realidad el partido, pese al gol, no cambió. No hay otro partido posible cuando dos selecciones asumen su rol, el de superioridad la española y el de inferioridad la local. Se apoderó de la pelota España pero en una de esas sucesiones de pases intrascendentes que sirven, no es poco, para defender. Así fue el resto de la primera mitad. 

En la segunda España jugó caminando, bajo la incercia de este tipo de partidos, ideales para desatenciones, por ejemplo, de Ramos, que vivió toda la sesión jugando como centrocampista. Dos sacudidas de Finlandia pudieron haber costado un disgusto en el primer cuarto de hora, y de nuevo el seleccionador agitó el árbol en busca, más que de un cambio concreto, de un efecto similar al que provoca la llegada de una chica guapa a un cuartel. 

Despertar, en resumen. Primero entró Navas por Villa, después Negredo por Cesc. Y al final Cazorla por Pedro. Durante un buen rato dio igual, porque España no encontró la profundidad de Navas ni el remate de Negredo ni la movilidad de Cazorla. A decir verdad, el delantero del Manchester City, antes del gol, sí había tenido un mano a mano con Mäenpää, pero ganó el portero. A cinco minutos del final, eso sí, con Finlandia ya en los huesos y el público en retirada, un pase de Xavi encontró la cabalgada de Navas y el remate sin oposición de Negredo. 

España finiquitó así el partido, algo que no hizo en la ida, disputada en El Molinón, y aquel empate obligó a la hazaña en París ante Francia. No hará falta tal cosa en los dos partidos que le restan a este grupo de clasificación, solventado por la selección ayer pese a los remolinos que la acompañan a cuenta de la portería, donde Casillas, por cierto, a esas alturas seguía viendo el partido exactamente igual que lo hubiera hecho Valdés o incluso Reina. Escrita la parada del primer tiempo, apenas hubo de recoger un par de balones largos en los otros 89 minutos de show. Hubiera valido cualquiera, pero jugó Iker.
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Messi ha pagado para no ir a la cárcel


Leo Messi no ha podido regatear a la Justicia y ha tenido que tomar el camino más directo para minimizar unas presuntas responsabilidades penales como el ingreso en prisión. El pasado 14 de agosto, el padre del jugador, Jorge Messi, depositó en nombre de los dos 5.016.542,27 de euros en el Juzgado de Instrucción número 3 de Gavà (Barcelona) para intentar conseguir un atenuante en una posible condena por un delito contra la Agencia Tributaria. 

La Fiscalía de Delitos Económicos de Barcelona acusa a los Messi de un posible fraude de 4,1 millones de euros a Hacienda por no declarar los derechos de imagen entre los años 2007 y 2009. 
Con estos cinco millones consignados en el juzgado, Messi y su padre pretenden resarcir la reclamación más los intereses que le hace la Fiscalía, además de evitar una condena mayor. Una reforma legislativa de 2012 permite rebajar la condena por el delito de fraude a Hacienda, castigada con penas que van de uno a cuatro años de cárcel, si el acusado paga la deuda y reconoce los hechos dentro del plazo de dos meses desde la citación como imputado. Además, las multas que podrían ir aparejadas a la condena de prisión también se reducen con este pago. Aunque todavía no han reconocido los hechos, Messi y su padre entregaron esta cantidad en el juzgado para dar el primer paso para acabar con el proceso judicial dentro del plazo establecido, ya que su imputación se conoció a finales de junio. Fuentes judiciales explicaron a este diario que ahora sólo quedaría hablar entre la Abogacía del Estado, la Fiscalía y los abogados del delantero de la cantidad que podría abonar por la multa. 

En un auto conocido ayer, la magistrada explicó que Jorge Messi depositó los cinco millones «en concepto de cuota e intereses objeto del presente procedimiento». La Abogacía del Estado, con la que los representantes legales de Messi se reunieron a finales de julio, pedía que se les impusiera una fianza como medida cautelar ante posibles responsabilidades civiles derivadas del proceso. 

La magistrada rechazó la petición tras considerar que con el pago de los cinco millones es suficiente para no proceder a imponer esta fianza. Ademas, el delantero pagó a Hacienda a mediados de junio otros 10 millones de euros en sendas declaraciones complementarias del IRPF correspondientes a los ejercicios de 2010 y 2011. 

En los próximos días se conocerá si la juez accede a la petición de cambiar el día de la declaración de Messi y su padre como ha pedido su abogado, ya que le coincide con otro proceso judicial.
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Özil vendido por 50 millones


En el pasado mes de junio, el padre de Mesut Özil llamó a la puerta del Bernabéu para pedir una mejora de contrato para su chico. Creía que merecía saltar, al menos, al segundo escalón de salarios de la plantilla, el de los 6,5 millones limpios por año que ganan Iker Casillas y Sergio Ramos. El alemán estaba en cinco. En el club miraron la exigencia con sorpresa, sin motivos aparentes atendiendo al irregular rendimiento del mediapunta, un genio algo disperso. Siempre gustó su trato del balón, pero la discontinuidad matizaba muchísimo tanto talento. En cuatro años, sus lucidas pinceladas llegaban casi siempre acompañadas de rachas de sequía, medio enfurruñado, sin chispa. 

José Mourinho se afanó en conseguir la mejor versión del 10, pero su exigencia tampoco lograba el objetivo. Tras cuatro temporadas como jugador blanco, es difícil encontrar un partido importante redondo, inolvidable. En el baúl de los buenos recuerdos brillan sus noches en el Camp Nou, campo donde se deslizaba con gracia, inolvidable la asistencia a Cristiano Ronaldo para marcar el 1-2 que sentenció la Liga de los récords. En el otro extremo asoman sus fallos ante la portería contra el Borussia o el Atlético (final de Copa), de gravísimas consecuencias para el equipo. Más escondido, pero también muy dañino, queda un lanzamiento al larguero a puerta vacía en Getafe, hace un año, minutos antes de que el Madrid empezara a desangrarse prematuramente en la última Liga. 

No estaba para golear, pero de un 10 puro siempre se espera mayor eficacia. Özil, además, no tenía hasta ahora competencia en la plantilla, dueño del tarro de las esencias al borde del área, pero ni con la titularidad garantizada –más allá de algún castigo puntual de Mourinho– completó una temporada redonda. Falto de puntería (10 tantos el pasado curso, su mejor registro) y de físico, sí se convirtió en el mejor asistente, con una media de 20 pases de gol por campaña. Sin embargo, el alemán de origen turco se ha rendido muy pronto esta temporada. Sus deseos de ganar más dinero y de jugar más minutos le hicieron variar radicalmente el discurso en apenas unos días. Si el pasado miércoles declamaba sus intenciones de triunfar en el Madrid, poco después cogía el teléfono al Arsenal. En Londres le daban galones y los siete millones de euros que reclamaba. 

Apuntada la oferta, Carlo Ancelotti fue informado. El italiano dio el ok a la operación, encantado con el juego de Isco y con la respuesta de Di María. El argentino ha reaccionado con rabia a la competencia, mientras Özil ha evitado la pelea. Ante el Athletic, para no estropear la negociación, ni siquiera le hicieron calentar en la banda. Su padre también ha apretado por la salida de un jugador al que le ha costado integrarse en Madrid, demasiado recluido en su amistad con Sami Khedira. Ninguno de los dos, tres años después de llegar a España, son capaces de expresarse en castellano, detalle importante que en el Madrid miraban con desagrado desde hace tiempo. 

Al límite del cierre de mercado, casi en la medianoche de ayer, se firmó el adiós de Özil al Arsenal. Una operación muy jugosa en lo económico (comprado por 14 y vendido por 50 millones) pero que genera debate en lo deportivo, por la indudable calidad que atesora en sus botas. En la presentación de Bale, se escucharon algunos gritos de los aficionados a favor del internacional alemán. Sí continúa Khedira, a pesar de que llegaron buenas propuestas. Se queda pero bajo serio aviso y con mucha competencia también en su puesto: Modric, Alonso, Casemiro, Illarramendi... 

El canterano del Real Madrid se hizo un hueco en la jornada dedicada a Gareth Bale gracias a la inesperada convocatoria con la selección española. La lesión de Iñigo Martínez le abrió ayer la puerta del equipo nacional. Tras haber pasado por todas las categorías inferiores y proclamarse campeón de Europa sub’21 en junio, irrumpe ahora en el combinado absoluto. Nacho llega para reforzar la tocada zaga de Del Bosque, donde destaca la ausencia de Gerard Piqué por sanción. Para jugar contra Finlandia el próximo viernes, donde España puede cerrar su clasificación para el Mundial, el seleccionador también llamó ayer a Javi García (Manchester City), relevo del lesionado Busquets.
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