Ya hace diez años de la última Champions que ganó el Madrid



La Champions League toca a la ventana de este Real Madrid convulsa, zarandeado por sorpresa en la Liga, pero con un hormigueo especial cuando suena el himno de la máxima competición. Diez años después de ganar la novena Copa de Europa, el equipo blanco retoma el viaje que más gloria dio a su escudo y que más dolor también causó recientemente. Derrotado en semifinales en las dos últimas campañas, aquellos penaltis de mayo ante el Bayern de Múnich todavía escuecen en la institución. Era el momento para asaltar el trofeo más sexy de todos, y se escurrió entre los dedos. Así es el torneo de los campeones, traicionero. 

No entiende la Champions de jerarquías ni de ansiedades. De hecho, casi siempre los que con más ahinco la buscan suelen ahogarse en la orilla. Ningún club que acogía la final en su estadio se hizo con ella nunca ni tampoco la ganó nadie dos veces seguidas en los últimos 20 años. Los favoritos suelen terminar magullados, excepto casos puntuales. Cumplió con su papel el Barcelona recientemente, no sin llevarse alguna cornada de por medio (el Inter en 2010 y el Chelsea el pasado curso), y también el Madrid en su última conquista. En 2002, en el celebrado centenario del equipo blanco, la Champions se convirtió en cita capital y tuvo que rescatar del cielo un balón Zinedine Zidane para cuadrar la historia. 

Ahora, una década después, y tras haber cumplido en los últimos tiempos con las obligaciones domésticas (Copa en 2011 y Liga en 2012), el proyecto de José Mourinho se ve empujado a brillar finalmente en la travesía continental. El club, por prestigio, busca pisar la final del próximo 25 mayo en Wembley tras haber quedado a las puertas en sus dos últimas intentonas, ante el Barcelona y el Bayern. Desde el club se intenta suavizar esta bella obsesión, a pesar de que en todos los ámbitos, desde las oficinas al vestuario, se echa mucho de menos el abrazo a la gran ánfora plateada. El objetivo ya está marcado, a pesar de las dificultades del mismo, sujeto siempre a detalles (penaltis, tarjetas, lesiones...) sobre todo en los capitulos definitivos. Aunque para el Real Madrid esta vez, las aristas comienzan desde el principio. 

Los hombres de Mourinho llegan al difícil estreno de la Champions en mitad de una grave crisis de resultados, con una bajada alarmante de tensión y las dudas desatadas sobre una plantilla despistada. Así lo denunció el entrenador tras caer en Sevilla, una crítica (la de las «cabezas comprometidas») que ya antes del partido del Pizjuán había comunicado directamente a la cara de los jugadores. Eso sí, el portugués ayer matizó su discurso para colocarse él en el centro del debate. «Pienso que no han quedado dudas, considero que el culpable soy yo. En mis equipos cuando ganamos, ganamos todos, y cuando perdemos el primer responsable soy yo. Si existen dudas, que terminen ahora», reclamó, antes de afirmar que su relación con la plantilla «no puede ser mejor». 

Mourinho recordó a los suyos que ante sus ojos tiene la misma trascendencia un choque liguero como uno con mejor cartel como el de esta noche (20.45 h. TVE1), ante el City. Además pidió total atención a sus chicos porque en esta durísima liguilla previa los tropezones pueden ser fatales: «Todos tienen que priorizar sus cosas, y colocarlas en su lugar oportuno, tanto en la vida privada como en lo profesional».

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El Madrid tiene ampollas



José Mourinho volvió a mirar directamente a los ojos de sus jugadores ayer por la tarde, en el calor de Valdebebas. El ruido de la derrota el sábado noche en Sevilla atravesó todos los estamentos del club, desde la presidencia hasta el vestuario, en un domingo incómodo. De repente, el equipo de los récords, el último campeón de Liga y campeón de la Supercopa se ve enfangado en una racha de resultados ligueros alarmante, con un nivel de juego bajísimo y unas ampollas preocupantes dentro del grupo. Si la tristeza universal de Cristiano Ronaldo demostró que en ese vestuario, como en la mayoría de elite, hay equilibrios personales difíciles de gestionar, las palabras del entrenador portugués tras perder en el Pizjuán reflejaron su profundo malestar con la plantilla. Siente que le están fallando y así lo saben en el club, donde ayer se cruzaban mensajes de calma y unidad con el manager general. 

El dibujo quedaría con el escudo y el entrenador a un lado y enfrente el bloque de futbolistas, señalados por Mourinho como principales culpables de la crisis, aunque en la coletilla de la acusación él también se incluya siempre. Obviamente, las frases del luso en la sala de prensa del Pizjuán escocieron a los jugadores, a pesar de ser la tercera vez en el último mes que duda en público de su implicación. «No tengo equipo, hay pocas cabezas comprometidas. Son pocas las comprometidas y concentradas en que el fútbol es lo prioritario», lanzó a las cámaras, en la mayor carga de profundidad que un entrenador madridista ha vertido contra sus propios jugadores en muchos años. No le gusta en absoluto el tono con el que han irrumpido en el campeonato doméstico, perezosos y sin tensión, sin darse cuenta de que el viaje ya ha comenzado y que de nada sirve el confeti de la campaña anterior, coronada en algunos casos con el éxito en la Eurocopa. 

Al Madrid ahora le falta ritmo y precisión. Las estadísticas señalan que en el césped la media de remates esta temporada es algo más elevada que el pasado curso (19,75 por partido contra los 18,55 de la 2011/12), pero la efectividad ha bajado (3,18 disparos frente a los 1,25 de la actual). Ha detectado Mourinho peligrosos síntomas de acomodamiento en la Liga, en contraposición al buen papel ante el Barcelona en la Supercopa. Y esta dualidad le molesta, porque él exige regularidad, no sólo brillo en las citas con carmín. Además, en su ataque del sábado deslizó que algunos futbolistas estarían más preocupados por otros asuntos que por el balón. Junto a la depresión de figuras como Cristiano Ronaldo o la situación de Kakà -clavado al plantel con alfileres-, el discurso de Mourinho invita a pensar en actitudes poco profesionales de algunos de sus chicos, un feo material que ayer desde el Santiago Bernabéu no se aclaraba. Al contrario, rebajaban grados al tema y salvaban piezas importantes del naufragio. 

Ya en privado, en la madrugada regresando a Madrid y durante la jornada de ayer, Mourinho rescató a tan sólo un nombre, al que colocó como ejemplo ante sus colaboradores e incluso el presidente. «El compromiso y la aplicación de Pepe es la línea a seguir por el resto», explicaban ayer a este periódico fuentes del club, repitiendo los argumentos del entrenador. No dijo directamente a la cara de sus jugadores que tenían que imitar el central, pero en la manera de ensalzarle se encuentran los defectos que achaca al resto. Mourinho valora el papel del defensa y su profesionalidad, a pesar de haber vivido dos experiencias muy intensas recientemente. Ni su paternidad ni el peligroso golpe que sufrió en la cabeza ante el Valencia cree que le han quitado ni un ápice de atención a su labor. Además también le agrada ve r su nuevo temple en el césped, asistiendo y animando en Sevilla a otros compañeros más alicaídos como Higuaín o Di María. 

Precisamente, fue Pepe quien se alineó sin fisuras con su técnico en el análisis del partido. Asumió que la culpa era de la plantilla y defendió la labor de Mourinho en la preparación del equipo, en concreto, en las jugadas a balón parado, una vía de agua abierta en el sistema blanco. Contra el Valencia, el Getafe y el pasado sábado, Iker Casillas recibió goles en balones colgados al área, en actuaciones incomprensibles para un bloque de este nivel, demasiado infantiles, muy sencillas para el rival. Mientras otros equipos se protegen en estas acciones defendiendo en zona, el Madrid en ocasiones lo hace con marcajes individuales. Por ejemplo, Di María en el remate de Trochowski en el punto de penalti. El argentino, despistado, se olvida de su hombre y sólo puede ver en primer plano el disparo a bocajarro a la red. Mourinho insiste estos días, en público y en privado, en la falta de sesiones de entrenamiento que ha podido realizar con todo el grupo desde que aterrizaron de la gira norteamericana. Pero esa merma, la de las ausencias por los compromisos con la selecciones, la sufren todos los grandes clubes. 

El calendario no da tregua a este Madrid en problemas, porque asoma ya mañana en el Santiago Bernabéu la apetecible Champions League, con el Manchester City como primer rival de la durísima primera fase que tienen por delante los blancos. Ayer, antes del entrenamiento, Mou barruntaba darle un buen meneo al equipo ante los ingleses. Por ahí se intuyen nombres como los de Essien, Modric o Fabio Coentrao. ¿El riesgo? Que los que salgan del dibujo titular queden señalados, algo que no gusta demasiado a una especie tan extraña como es un futbolista. 

Una maniobra, mover el once, cuya validez será testada en un partido, el que da inicio a la travesía europea, mudado ahora en choque crucial por un arranque inesperado y pésimo en la Liga, con dos derrotas, un empate, sólo una victoria en cuatro partidos y el Barcelona fugado ya a ocho peligrosos puntos.
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Mourinho ``En estos momentos no tengo equipo´´



Esto es fácil. El año pasado, el Madrid tardó 15 partidos en dejarse ocho puntos por el camino. Este curso, ha tardado cuatro. Claro, eso a Mourinho no se le ha escapado. Y como resulta que, cuando al Madrid le sucede algo como lo de ayer, la rueda de prensa del técnico es tanto o más importante que el partido, había curiosidad por ver el camino que elegía el portugués. Llegó sonriente a la sala de prensa, y sin cólera en el tono, despachó el mayor ataque contra sus futbolistas que se le recuerda en sus dos años y un poquito en el Bernabéu. «En estos momentos no tengo equipo», fue la frase de cierre para 10 minutos de lindezas, todas ellas dedicadas a los muchachos que se duchaban casi pared con pared. 

«Hay cabezas que no están comprometidas con el fútbol. Sólo hay dos o tres cabezas para las que el fútbol es prioritario ahora. Pero eso es mi responsabilidad, porque el entrenador soy yo», afirmó un técnico que siempre hizo de su complicidad con los vestuarios una seña de identidad. Por ahí se podría interpretar que, con este ataque, pretendía una reacción similar a la que buscan los padres con los niños pequeños cuando les castigan. Ocurre que, dependiendo del niño, eso no siempre sale bien, y los futbolistas no suelen recibir esos recados de ese modo. Antes al contrario, los jugadores -los del Madrid y los del resto de los equipos- tienden a molestarse, y mucho, cuando pasa esto. 

Pero se ve que a Mourinho esta opción le viene a dar igual, porque insistió. «En el descanso he hecho dos cambios, pero habría hecho siete si hubiera podido. Debimos hacer más cambios. Y con eso no digo que Di María u Özil, que se han ido en el descanso, hayan estado peor que otros que han jugado los 90 minutos». Mou, un tipo con una rapidez mental extraordinaria, fue hilando un discurso hiriente para sus jugadores, probablemente acorde con el sentimiento de la afición en un día como hoy, siempre difícil tras lo visto sobre el campo. Más: «El problema es la actitud. La diferencia entre el Sevilla y nosotros está en el minuto uno. No se puede trabajar más las jugadas a balón parado. Todos conocen cuál es su oponente, su función, la zona que tiene que cubrir, tenemos gráficos... y llega un córner en el minuto uno y gol. Ésa es la imagen de un equipo sin concentración», apostillando, claro, que la victoria del Sevilla era «merecidísima», aunque menos que la derrota de los suyos. Por cierto, ¿influyó en lo ocurrido lo de Cristiano? «Pienso que no. El partido de hoy [por ayer] no ha sido diferente al del Getafe, o el del Granada... No le veo relación con el rumor de prensa rosa del que habéis querido hablar esta semana». 

Ningún jugador se atrevió a llevarle la contraria a su entrenador. «Tiene razón», convino Pepe. Si acaso, Sergio Ramos: «No es el momento de hacer declaraciones». Demasiado tarde. Salió el Madrid del Pizjuán hacia el aeropuerto rodeado de silencio, con ese ambiente tenso que se corta en noches como la de ayer, que pudo haber sido peor si el árbitro hubiese considerado roja -no era difícil- las acciones de Higuaín y Di María. Lo mejor, o quizá lo peor, para el Madrid, es que el martes empieza la Champions. Y sólo es el Manchester City.
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Recortes también para el deporte



Hace apenas un lustro, el deporte en España crecía. Las federaciones no paraban de ensancharse ansiando, todas, el profesionalismo. Nacían campeonatos amateur y de base; se construían o se potenciaban centros de alto rendimiento; los deportistas de todas las edades viajaban en busca de éxitos y se optaba a organizar europeos y mundiales. Se acabó. 
El presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), Miguel Cardenal, se reunió ayer con 66 presidentes y representantes deportivos para confirmarles que aquello es pasado. En 2009, el Consejo recibía una aportación del Estado de 193,3 millones de euros, 169,7 en 2011, este año, 124,4. En 2013, se baraja que el Gobierno podría dedicar directamente unos 60 millones al deporte. Un tercio que hace cuatro años, una rebaja con consecuencias palpables. 

Las federaciones recibirán el año próximo, de media, una subvención un 40% menor a la de este año. En algunos casos, la rebaja será del 25%, en otros del 60%, una variación que dependerá, según Cardenal, de los potenciales resultados de cada deporte y de si son olímpicos o no. 
El presidente del CSD invitó a las federaciones a presentar antes del 31 de octubre, tres documentos: un plan de reestructuración de cada organismo, uno de recorte de gastos y otro para lograr financiación externa, es decir, patrocinadores. Y llegaron algunas reacciones airadas.

El presidente de la Federación de Natación, Fernando Carpena planteó que el sector del deporte debería hacer «una sentada» ante la decisión del Gobierno. El dirigente, explicó que en su ente, como en muchos otros, la subvención representa entre el 65% y el 70% del presupuesto, y añadió que «ya hay federaciones autonómicas que han bajado la persiana». Juan Carlos Castaño, presidente de la Federación de Ciclismo, resumía: «Tendremos que aligerar la estructura administrativa y técnica, no viajaremos con todos los ciclistas a todos los campeonatos, sólo se irá a los que haya posibilidad de éxito, y habrá que reducir la aportación a las territoriales». El mandatario, que no descartaba un posible cierre del Centro de Alto Rendimiento de Palma de Mallorca, recordaba que «algunas comunidades como Murcia o Castilla-La Mancha ya no aportan ni un sólo euro» y añadía: «Será una larga travesía por el desierto. Difícil pedir resultados». 

Su voz dejaba aún una incertidumbre más cercana, a corto plazo. Miguel Cardenal afirmaba, tras la reunión, que no descarta replantearse la celebración de eventos deportivos ya otorgados a España. El Mundial de ciclismo debía celebrarse en Ponferrada entre el 15 y el 23 de septiembre de 2014. Según el Castaño, que finalmente tenga lugar en España es «muy complicado, casi imposible». «La Unión Ciclista Internacional (UCI) reclama un canon de cerca de cinco millones de euros por el evento, a lo que hay que sumar la propia organización. Esa cifra debía pagarse entre el Ayuntamiento de Ponferrada, el Gobierno de Castilla y León y el CSD y, ahora mismo, es poco asumible para las tres partes», comenta el máximo dirigente del ciclismo que anota que el organismo mundial del deporte se reunirá el próximo viernes, verá la disposición económica de la sede y tomará una decisión. «Se podría renunciar durante estos días», finaliza el dirigente mientras fuentes de la organización confirman que hay una serie de dificultades aunque confían en poder llevar a cabo el evento en la ciudad de El Bierzo. 

Al contrario, Juan de Dios Román, presidente de la Federación de Balonmano, afirma que su Mundial, el próximo enero, está «absolutamente garantizado», misma respuesta que dan desde la Federación de Natación (Mundial 2013) y la Baloncesto (Mundial 2014). En Vela no se muestran tan convencidos. Gerardo Pombo, presidente de la Federación dice que el Mundial de Santander 2014 «se hará» aunque recalca que «de forma muy austera». «No habrá apenas obra pública, se harán menos actos y menos promoción», afirmó ayer.
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Iniesta vuelve lesionado



Tito Vilanova debió torcer el gesto cuando, en la tarde de ayer, los médicos del Barcelona le comunicaron que Andrés Iniesta tendrá que estar de baja entre 10 y 15 días por culpa de una elongación en el abductor de la pierna derecha, lesión sufrida en su último compromiso internacional. El centrocampista manchego, que jugó los 90 minutos en la victoria de España frente a Georgia en Tiflis el pasado miércoles, se perderá los dos próximos partidos de Liga (Getafe y Málaga) y el estreno el próximo 19 de noviembre en la Champions contra el Spartak de Moscú de Unai Emery en el Camp Nou. La ausencia de Iniesta obligará a Vilanova, de cara al partido del sábado en el Coliseum Alfonso Pérez, a insistir en el discutido Cesc Fàbregas como compañero de Xavi Hernández en uno de los interiores. Aunque Thiago Alcántara, otro de los que opositará este curso a una de las posiciones del centro del campo, ya tiene el alta médica y apura su puesta a punto tras tres meses de inactividad por culpa de una lesión en la tibia. 

Jordi Alba, que también jugó el partido completo ante los georgianos con España, tampoco pudo ayer participar en el entrenamiento en la Ciutat Esportiva Joan Gamper. El lateral zurdo volvió a Barcelona con gripe y los médicos no valorarán hasta el entrenamiento de mañana si está en condiciones para jugar contra el Getafe. 

Hasta esta misma tarde no se reincorporarán Messi, Mascherano y Alexis Sánchez. El diez argentino volverá a Barcelona después de sufrir de lo lindo en el empate (1-1) ante Perú, partido duro y en el que Messi pasó desapercibido. El cuerpo técnico tendrá especial cuidado en examinar el estado físico de La Pulga, que lleva un inicio de campaña extenuante. Desde que comenzara la temporada ha jugado todos los minutos en los siete partidos disputados (cinco con el Barcelona y dos con Argentina). 
Quien aguarda su oportunidad es David Villa, que ayer asumió que su readaptación a la actividad todavía debe ser pausada: «Tengo que tener paciencia. Precipitarme ahora por 15 o 20 días no sería bueno ni para mí, ni para el Barça».
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Roberto Soldado marcó su primer gol oficial con España




Se pasó 85 minutos metido en una cárcel, que es el nombre más ilustrativo para explicar lo que hicieron los defensores georgianos durante toda la noche con él. Roberto Soldado fue la sorpresa en la alineación de Vicente del Bosque. Con el debate del delantero centro en pleno apogeo porque Villa sigue en stand by, el seleccionador nacional dio otro giro de esos tan suyos y metió al delantero del Valencia en el once. ¿Raro? Un poco, la verdad, porque Soldado debutó con Del Bosque en un amistoso en febrero marcando tres goles en 45 minutos. Completó una temporada estupenda en Valencia (17 tantos) y estuvo en el stage previo a la Eurocopa. Sin embargo, su lugar en el gran torneo lo ocupó Álvaro Negredo. 

Apenas un mes y medio después, el punta del Sevilla no ha estado en esta convocatoria y Soldado fue titular por delante de Torres. «Era desesperante, porque siempre estaba rodeado de gente que ves que le daba igual que el balón lo tuvieran los centrocampistas», dijo después, ya liberado con un gol de killer puro. En ese fango donde se movió apenas había encontrado aire. La tuvo en el último minuto de la primera parte, pero Loria sacó una de las muchas manos que hicieron cuesta arriba el camino de España. «Estaba un poco quemado por esa parada», decía el protagonista, un tipo del que Del Bosque y su equipo técnico jamás sospecharon como jugador, pero al que sí miraban con lupa por ciertas actitudes fuera del campo. Sin embargo ahora, a los 27 años, parece haber convencido definitivamente a los técnicos, y nada mejor para eso que anotar su primer gol oficial con la selección. «Ha jugado porque confío mucho en él», dijo el seleccionador. 


Soldado puso la rúbrica a una noche que por momentos tuvo una pinta horrorosa, y a la que le dio arreglo lo que empieza a ser ya una ley no escrita en la selección: los cambios de Del Bosque siempre funcionan. Ayer, en la jugada previa al gol participaron Pedro y Cesc. Le vendrá bien a Cesc la asistencia, pues atraviesa una etapa digamos... un poco rara. Cuestionado en el Barça, su papel de falso nueve durante la Eurocopa no parece que vaya a tener continuidad, y de hecho ayer celebró el gol con una cara más bien seria. «Nos imaginábamos que se cerrarían así», comentó Del Bosque, el hombre que acumula 19 triunfos consecutivos, todos, en partidos de clasficación para grandes torneos desde que llegó, en 2008. «Son tres puntos importantísimos. Un empate hubiese sido un paso atrás».
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No todos creen que haya sido la mejor vuelta a España de la historia



«Es un disparate». Federico Martín Bahamontes no comparte que la Vuelta a España de 2012 haya sido la mejor de la historia. Respuesta aireada. El primer vencedor español del Tour apunta a la desmemoria e invita a desmenuzar las gestas ciclistas ocurridas durante décadas en los puertos de España. 
«El duelo de Bahamontes y Jesús Loreño con el italiano Angelo Conterno, en 1956 puede estar a la altura de la lucha de este año. En la comparación no se pueden obviar muchísimos años de espectáculo», comenta Perico Delgado, vencedor de la Vuelta en 1985 y 1989. 

El Águila de Toledo apoya su versión aportando la primera razón para menguar el fervor desatado con la ronda finalizada el domingo. «En esta Vuelta han faltado los mejores extranjeros, Bradley Wiggins o Vincenzo Nibali. En mi época vino Jacques Anquetil o Raymond Poulidor, luego Gimondi, Merckx, más tarde, Hinault. Siempre ha sido así. Incluso se les proponía un recorrido favorable. Sólo en los últimos años han diseñado la Vuelta para los españoles», comenta Bahamontes. Retocado su argumento por Laudelino Cubino, tercero en la ronda española en 1993: «Venía Chris Froome, una estrella del pelotón, y también Robert Gesink o Nicolas Roche pero todos llegaron tras una temporada muy cargada, no pudieron estar al 100%. Los tres españoles, Contador, Valverde y Purito, llegaban mejor pero hay que contar que también son ciclistas de clase mundial, de los mejores». 

Era nombrado Eddy Merckx, El Caníbal, que en 1973, con Luis Ocaña, también protagonizó una de las Vuelta más recordadas, sobre todo, por el ataque infructífero en el Puerto de Orduña del conquense. «El ciclismo de los setenta fue precioso. Las batallas de aquella época eran muy duras, muy bonitas. Recuerdo la enorme contrarreloj de Agustín Tamames para ganar a Domingo Perurena en el 75. Aquellos equipos poderosísimos, Kas, La Casera. Fueron grandes años», narra Álvaro Pino, vencedor en 1986, director años después de equipos como el Kelme, el Phonak o el Xacobeo. 
Precisamente en la época de Pino, los años ochenta, llegó el boom. La edición de 1983 fue la primera con las etapas retransmitidas en directo. Y, entonces, apareció Bernard Hinault. No ha habido ex ciclista cupreguntado que se olvidara mencionar un lugar: Serranillos. Allí el francés demarró a 60 kilómetros de meta para destrozar al entonces líder, Julián Gorospe, en 1983. 

«Aquello se convirtió en un acontecimiento social, tuvo muchísimo tirón», explica Delgado, mientras uno de los protagonistas, Marino Lerrajeta, segundo aquel año, ganador el anterior, añade: «Los recorridos han cambiado mucho. Este año ha habido muchos finales en alto pero quizá la dureza ha sido excesiva para todos y no se han permitido etapas como aquellas». 
«Antes sí había diferencias, ahora no. Es un formato explosivo pero faltan los puertos largos de antaño, los que rompían la carrera», apostilla Joseba Beloki, podio en 2002, ofreciendo así otro porqué para no elevar lo recién vivido por encima del pasado: «Recuerdo disfrutar mucho con Perico descolgando a Robert Millar en 1985 camino de Navacerrada. Fueron años de gran ciclismo». 
«Ha habido otras Vuelta magníficas. Sin ir muy lejos, el 95, con el dominio de Laurent Jalabert o el 98 cuando mi cuñado, El Chava Jiménez, se llevó cuatro etapas. También las Vuelta de Roberto Heras, sobre todo, aquel 2005 con la bajada suicida de la Colladiella rematando a Denis Menchov camino de Pajares», narra Carlos Sastre, tres veces podio entre 2005 y 2008. 

Pese a lo dicho, el abulense, como el resto de preguntados, ensalzaba la Vuelta 2012: «Ha sido muy bonito ver a la afición entregada, dividida entre tres españoles». «Hacía muchos años que no veía tanto espectáculo», dice Bahamontes. «He disfrutado como un crío. Mucha igualdad, mucha lucha», comenta Lejarreta. «Ha hecho renacer el ciclismo, siempre será recordada», apunta Delgado. «Recorrido, participación, competitividad, público, clima y buenas fechas. Lo ha tenido todo», completa Pino. «La mejor de las últimas década», aporta Cubino. «Una de las más peleadas», finaliza Joseba Beloki.
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