Gana el mismo año cuatro carreras de 250 kms



La maratón es, para muchos, el límite de la hipérbole del atletismo popular. Son 42 kilómetros y 195 metros con los que decenas de miles de aficionados sueñan al trote. Normalmente demasiado; a Vicente García le aparentó poco. Hace poco más de un lustro pasó de correr alguna carrera corta, máximo una media maratón, a completar marchas de kilómetros, decenas y decenas hasta sumar centenares. 

Este año ganó las cuatro carreras extremas, 250 kilómetros en seis días sin ayudas, que cruzan algunos de los desiertos más extensos de la Tierra: Atacama, el Gobi, el Sáhara y, para rematar, en la Antártida. Es el primero que lo ha logrado. «Solía hacer ejercicio, mi profesión, bombero, lo requiere, pero no me centré en correr hasta que en 2006 un compañero me invitó a una carrera de 185 kilómetros por etapas en Argelia y me enganché al ultrafondo», comenta el alcoyano, que añade: «Este año empecé en Atacama, fui a probar, pero gané, me animó mi patrocinador, Wild Wolf, y acabé venciendo en las cuatro. Son carreras muy complicadas, no sólo por la distancia sino por tener que ser autosuficiente. Hay que llevar la tienda, la comida, el botiquín… nueve kilos en total, y son habituales las lesiones. En el Sáhara, un canadiense me aventajaba pero se tuvo que retirar con la entrepierna en carne viva». 


Las carreras las forman cuatro días completando 45 kilómetros, una etapa reina de unos 85 y una última jornada de 20 kilómetros. García, que suele partir entre unos 170 rivales, admite que el exceso de carreras pueda ser insano. «Sé que estoy entre el beneficio y el perjuicio. El ultrafondo exige al cuerpo mucho y quizá algún día deba pagar algún precio. Si tengo alguna lesión por tanto tute la asumiré, porque esta experencia me ha dado muchísimo», finaliza, ya pensando en 2013, en correr en Islandia y en el Cañón del Colorado. Quizá demasiado o quizá poco.
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No bastó con Gasol



Denver cortó de cuajo el proceso de rehabilitación de unos Lakers aún perdidos en esta liga. Los angelinos volvieron al récord negativo (14-15) encajando una severa derrota ante los Nuggets, con una defensa que hizo aguas todo el partido y que permitió 126 puntos. Una pequeña masacre tras los cuatro cuartos reglamentarios. 

Los de Mike D'Antoni buscaban una racha de seis victorias consecutivas que no se había logrado desde los tiempos de Phil Jackson, pero cayeron de forma contundente, reabriendo el manido debate sobre los males de un equipo que apuntaba a contendiente al título y que aún no tiene muy claro si estará en la fase final, tras caer 126-114. 

Lo que sobre el cartel, con la llegada de Steve Nash y Dwight Howard, parecía una réplica del espíritu gestado en Miami o en Boston hace unos años a punta de talonario se ha quedado en una enorme decepción por el momento. Nadie confía demasiado en unos jugadores cansados en apariencia, mayores más que veteranos, que dicen algunos analistas. Ha bastado un tropiezo en seis partidos para reabrir las heridas. La del miércoles fue una derrota sin paliativos, que recordó, en parte, a aquella noche fatídica en Dallas que puso punto y final a la carrera de Jackson como entrenador de los Lakers en 2011. Bryant, Gasol y compañía cayeron bajo una lluvia de triples. Doce encajaron en total, además del contundente destrozo bajo tableros, permitiendo 26 cestas entre mates y dejadas en los primeros tres cuartos. «Jugamos con un estilo viejo», dijo el escolta estrella de los Lakers, reconociendo quizá que su estrategia acaparadora no da buenos resultados a largo plazo. 

Impresiona, eso sí, a nivel individual, sumando ya 116 partidos en los que ha anotado 40 puntos o más y sumando 10 encuentros consecutivos donde supera los 30 puntos. «Ellos jugaron con mucha más energía, con mucha juventud, subiendo y bajando la pista. Nosotros, en cambio, jugamos con una velocidad menos toda la noche, algo que es un tanto alarmante ahora por la forma en que empezamos el campeonato». 
Y eso que se apuntó a la fiesta un mejorado Pau Gasol. Ésa fue, quizá, la nota positiva del partido. Nadie masacró esta vez al pívot ni le culpó de los males del equipo. Jugó lejos de los tableros, como marca la batuta de D'Antoni -de forma equivocada para una gran parte de la grada del Staples Center- y cumplió con creces. 

Se apuntó incluso a los lanzamientos de tres, una modalidad en la que no se suele prodigar en exceso. Desde esa distancia convirtió dos, algo que propició una cadena de comentarios en Twitter y de agradecimientos por su versatilidad, por estar siempre dispuesto a sacrificarse por el equipo. Terminó el encuentro con 19 puntos, cinco asistencias y seis rebotes, muy por encima del hombre que le ha desplazado de su ubicación natural, un Howard del que se habló mucho tras protagonizar la primera expulsión de su carrera profesional. Su mano en la cara de Kenneth Faried a falta de cinco minutos para el final del tercer cuarto no hizo dudar a los árbitros: a la calle, lo que dejó aún más desprovista la defensa de los Lakers, un auténtico colador. Mal asunto mientras los vecinos, el pupas de Los Angeles, los Clippers, se hinchan a ganar partidos. Catorce consecutivos llevan y con el mejor récord de la liga, dando un espectáculo que el equipo con más historia y tradición todavía no ha sido capaz.
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Pepe cuenta en su país que los portugueses se sienten perseguidos



En este caso no se trata de que los jugadores del Real Madrid, cuando regresan a sus países, hablan con la prensa. En esta ocasión se trata de que la prensa de sus países se desplaza hasta Madrid y aquí realizan entrevistas largas, larguísimas, en este caso con Pepe el diario luso Record. Vinieron los enviados especiales a entregarle al central del Madrid el Premio Artur Agostinho 2012, que reconoce la figura del año -en lo deportivo- en Portugal. La entrega, y la entrevista, se hizo en la semana previa al partido de Málaga y en Valdebebas, durante el acto, estuvieron también Cristiano y Coentrao, además de Jorge Mendes, el superagente, que de hecho lucía con el futbolista en la portada del periódico. 

El caso es que Pepe aprovechó la entrevista para agitar un poco más la coctelera que hoy es el Madrid. Probablemente sin querer, porque si hay un portugués al que el vestuario y la afición del Madrid le tienen cariño es él. Pero por su boca salió lo que es el sentir general de los portugueses del club blanco. «Somos extranjeros y eso se nota en las preferencias de la prensa», explica, y cree Pepe que eso es porque «España nunca tuvo un jugador que haya ganado el Balón de Oro. Nosotros tuvimos a Cristiano Ronaldo y a Figo y no llevan bien esa situación». Al margen de la debilidad o no del argumento, olvida Pepe una figura como la de Luis Suárez, ganador del Balón de Oro en 1960. 

Ese sentimiento de persecución que han interiorizado Pepe, Coentrao, Cristiano, Mourinho, Rui Faria, Louro y Morais lo explica el galardonado en una extensa parte de la entrevista donde los periodistas le recuerdan el presunto vídeo que hizo el Barcelona sobre él en el último clásico. «Para atacar a Mourinho atacan al resto de portugueses del equipo. Todo lo que hacemos dentro y fuera del campo es interpretado de una manera diferente», dice Pepe, e insiste en que el Barcelona maneja mucho mejor su línea de imagen y comunicación. 
«Dijero que Cristia
no estaba triste y la semana siguiente que quería renovar. Pasado un tiempo, el Barcelona delizó el mensaje de que iba a renovar a Xavi y Messi. Son cosas que tienen [el Barcelona] muy bien montadas», cuenta. Y llega la pregunta del millón. 
-¿Se sienten perseguidos? 
-Sí, lo sentimos. 

Obviamente, uno de los epicentros de la charla es Cristiano Ronaldo. Los elogios que le dedica Pepe no caben en estas líneas por su extensión. «Ya dijo Mourinho quién ganaría el Balón de Oro», cuenta, en una nueva prueba de que el discurso del líder es asumido por el resto de portugueses del Real Madrid. «Creo que están siendo injustos con Cristiano, la prensa y una parte de los aficionados. Merecería ese título por lo que hace por el fútbol, por haber estado nominado cinco veces, por haber ganado la Liga española, pero me parece que no será el vencedor». 

La entrevista, extensísima, demuestra también lo mal que lo pasó el chico después del incidente con Casquero. «Nunca he pensado dejar el Real Madrid, pero sí hubo un momento de mi carrera en el que pensé en dejar el fútbol», reconoce, y admite que le duele que en los campos le sigan llamando «asesino», sin ir más lejos en el partido de ida de la Copa del Rey contra el Celta en Balaídos. Sin embargo él sabe, y es cierto, que cuenta con el apoyo mayoritario del Bernabéu «por mi entrega, porque dejo todo en el campo».
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Melanie Costa




En el Mundial de Estambul de piscina corta, extinguida la esperanza de triunfos de Wildeboer, Muñoz o Villaécija, apareció Melanie Costa. Mallorquina de madre alemana, 23 años, recordó con un oro en los 400 libre a Mireia Belmonte, el único éxito español de 25 metros hasta la semana pasada. Adolescente en Pekín, predijo en Turquía logros mayores que la final que alcanzó en el Mundial de piscina larga de Shangai, el año pasado. 

Pregunta.- Oro y mundial. ¿Cuánto molesta que su éxito vaya seguido de un 'pero en piscina corta'? 

Respuesta.- Para mí es el mayor éxito de mi carrera y tiene mucho valor porque apenas había ausencias, sólo faltaban dos finalistas olímpicas. Sé que las competiciones en piscina corta me favorecen por ser fuerte de piernas, poseer buena técnica en las virajes, pero estoy trabajando mucho en la piscina olímpica siempre pensando en el Mundial de Barcelona del año que viene. 

P.- Diecinueve centésimas le dejaron fuera de su primer final olímpica, en los 200 libre de Londres. ¿Compensa? 

R.- Sí, sin duda. Es un palo no lograr el que ha sido tu objetivo durante cuatro años por tan poco. Es duro. Pero esta medalla premia todo el trabajo que hice en el ciclo olímpico, ayuda a mirar al futuro, a olvidar. No cambio este oro, ser campeona del mundo, por un diploma. 

P.- Todo tras cambiar Madrid por Barcelona. ¿Tiene relación la mudanza con los éxitos? 

R.- No creo. Estuve muchos años en la Blume con mi entrenador de toda la vida, Jordi Murio. Él me enseñó muchísimas cosas, teníamos una complicidad especial, pero la Federación no lo quiso renovar. Pese a que insistí, no me dieron ninguna opción de seguir con él y tuve que marcharme a Sant Cugat. Ahora estoy bien con José Antonio del Castillo, aunque aún no existe esa relación. 

P.- Su relación con la natación empezó bien, se torció y parece enderezarse otra bien. 

R.- Siempre fue buena, pero no todo puede ser vino y rosas. Empecé porque mi hermano mayor nadaba en mi pueblo, Calvià. Hacía un cursillo de dos días y pedí a mi madre que me apuntara dos veces, quería nadar todos los días. Empecé a competir y destacaba, aunque es cierto que cuando debía dar el salto de júnior a la absoluta no me encontré cómoda en la selección, no había buen ambiente, y quise dejar el deporte. Por suerte, no lo hice. 

P.- ¿Cómo fueron sus años en Estados Unidos? 

R.- Muy buenos. Fue justo entonces, después de los Juegos de Pekín, cuando decidí irme para allá, a la Universidad de Florida. Aprendí mucho sobre todo a nivel mental. Al principio competía con las mejores, referentes para mí como Manadou o Pellegrini, y no pensaba en llegar a su nivel, las veía inalcanzables. En Estados Unidos aprendí que podía luchar con las mejores. Volví tras dos años. Aquel tiempo me ayudó. 

P.- ¿Piensa en Río de Janeiro? 

R.- Sueño con Río de Janeiro. Entonces tendré 27 años, que son muchos para un nadadora. Pero espero estar en la élite, quiero estar para poder entrar en una final olímpica.

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Los castigos de Mourinho



Después del partido ante el Málaga, sólo dos jugadores hablaron con la prensa. Sergio Ramos -uno de los habituales- y Pepe. El sevillano admitió que la suplencia de Iker Casillas era una sorpresa y valoró la trascendencia del portero para el equipo varias veces: «Es nuestro capitán y un hombre clave», afirmó Ramos. Sin embargo, el portugués suscribió, letra por letra, lo que había explicado Mourinho pocos minutos antes. Hasta tres veces le preguntaron a Pepe su opinión sobre la suplencia de Iker. «Es una decisión del entrenador que debemos respetar». Al margen del rendimiento deportivo del central luso, indiscutible, puede que ese tipo de apoyos públicos también le ayude a ser uno de los dos únicos indiscutibles a los que Mourinho no ha castigado en los dos últimos años. El otro es Cristiano Ronaldo. 

Hay que ceñir el análisis a la temporada pasada y lo que va de esta porque, de lo contrario, ni siquiera el delantero se libraría de la rigurosa disciplina que pretende implantar el técnico, tanto dentro como fuera del campo. Tras el partido de ida de las semifinales de la Champions 2011, donde ganó el Barcelona (0-2), dijo Cristiano: «No me gusta jugar así, pero tengo que adaptarme a lo que me piden». Tres días más tarde, cuando peleaba con Messi por el Pichichi (ganaba entonces el argentino por dos tantos, 31 contra 29), Mou dejó en la grada al delantero ante el Zaragoza -el Madrid perdió y dijo adiós del todo también a la Liga-. 
Excepción 

Quitando esa ocasión, CR es el único fijo para Mourinho junto a Pepe. Ambos juegan y nunca han sido sancionados por su bajo rendimiento o por sus declaraciones. Hasta el partido de Málaga, había otros dos en esa lista. Casillas y Xabi Alonso. El portero fue suplente en un partido trascendente por primera vez en 10 años, y aunque la explicación del banquillo fue «una decisión técnica», sonó mucho más a castigo por el enfrentamiento soterrado que ambos mantienen. Y, aunque lo del portero lo tapó casi todo, para muchos en ese vestuario no pasó desapercibido el cambio de Xabi Alonso, apenas dos minutos después del 3-1, un tanto que nace en un error del mediocentro. Mourinho, pese a que luego decretó que Sergio Ramos fuera delantero centro, quitó del campo a Xabi, su mejor lanzador en largo, para dejar a Khedira, Modric, Özil y Kaká. 

Iker y Xabi han sido los últimos, pero la lista de esta temporada es amplia. Los primeros fueron Mesut Özil y Sergio Ramos. Tras los partidos de Getafe y, sobre todo, del Sánchez Pizjuán ante el Sevilla, ambos fueron al banquillo en el debut ante el Manchester City en la Liga de Campeones. La suplencia de Ramos duró sólo un partido porque regresó ante el Rayo Vallecano, pero ya supuso un toque de atención para el segundo capitán, otro de los que mantiene una relación tensa con el entrenador. A Özil, sin embargo, le costó mucho más. Volvió al equipo ante el Depor dos semanas después, pero fue sustituido en el descanso con bronca -por eso Ramos se puso la camiseta de su compañero bajo la suya en el segundo acto-. De hecho Özil se llevó un recado de Mou en la rueda de prensa previa al partido de Amsterdam. «Necesita más minutos y más calidad. A más calidad, más minutos». La respuesta del mediapunta en días como los del Borussia en el Bernabéu (empate con una falta suya) o Valladolid le han hecho quitarse el cartel de sospechoso. 

Un cartel que ahora ostenta sobre todo Di María. Regresó en Málaga a la titularidad tras dos partidos seguidos (Valladolid y Espanyol) sentado en el banquillo, pues su actuación en la noche contra el Betis dejó huella, para mal, en la libreta del técnico. Benzemá, por supuesto, ha estado bajo la lupa sumarísima de Mou casi desde que llegó, y muchos han sido los toques de atención públicos, el último tras insinuar que el francés no quería jugar en Balaídos en Copa del Rey. En el partido siguiente contra el Espanyol no participó, a pesar de que fuentes del club afirmaban esos días que, de haber querido, podría haberlo hecho. En esta lista también caben Higuaín, Marcelo, Arbeloa o Khedira. Y Coentrao, tres meses sin jugar tras su expulsión en Getafe. 

Porque la otra lista, la de los hombres que han sido definitivamente señalados, está completa: lejano quedan los nombres de Pedro León y Canales, pero no tanto suenan los de Kaká, Carvalho o Albiol, sólo presentes en situaciones desesperadas.
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Arantxa dimite



La alta probabilidad de éxito en un tiempo antónimo al actual, cuando el tenis femenino ocupaba portadas y el masculino se reducía a simples breves, les obligó a la unión ante la red. Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez lograron juntas, en la década de los 90, una plata y un bronce olímpico y cinco Copa Federación pero siempre se les intuyó una relación, al menos, delicada. No compartieron dobles más allá de la selección española, respondieron vagamente a preguntas en ese sentido. Esa tensión en la pista, se iguala, quizá se aumente, en los despachos. 

La pasada semana, la amplia mayoría de las tenistas internacionales (todas menos Anabel Medina y Lara Arruabarrena) proponían una suerte de boicot contra el presidente de la Federación Española de Tenis (RFET), José Luis Escañuela, acusándole de no respetar, más bien al contrario, acuerdos signados dos años atrás para aumentar la inversión en torneos, infraestructuras y ayudas al tenis femenino. En la denuncia pública estampada estaba, además, la firma de Sánchez Vicario. Aunque ella negó ser la instigadora de la misva, ya no le quedaba otra. La ex tenista dimitió ayer como seleccionadora. «El plante de un grupo muy numeroso de jugadoras ha sido determinante al tomar mi decisión. Quería darles soporte», escribió en su carta de dimisión Arantxa, que aún no había cumplido el año firmado (su contrato acababa el día 31), que en el cargo sólo cosechó decepción. España cayó primero ante Rusia y luego contra Eslovaquia para acabar descendiendo a la segunda división del Grupo Mundial. 

Una decisión con tintes deportivos y ¿políticos? Escañuela, dirigente al que la triple campeona en Roland Garros renuncia, se halla en difícil posición para mantener su silla tras las elecciones que se celebrarán el 17 de enero. Las federaciones de Madrid, Cataluña, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Baleares apoyan al aspirante, John Rigau. Y Sánchez Vicario lo sabe. Su decisión, su golpe, podría ser una apuesta. 
Sólo un par de horas después de conocerse la dimisión, antes incluso que la Federación oficializara su aceptación, Conchita Martínez respondió rápido. «Me gustaría ocupar el cargo», dijo. «De momento, a mí nadie me ha ofrecido de manera formal», añadió luego la ex jugadora tras desvincularse de la carta y las peticiones de la mayoría de tenistas actuales. Su golpe, su apuesta, parece ser otra.
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Espectacular reaparición de Ricky Rubio



Nueve meses y unos días, más o menos el plazo esperado para una lesión semejante, aunque lo perdido por el camino (principalmente una medalla olímpica) sea imposible de calibrar. Al fin, dos semanas después de recibir el alta médica tras la recuperación de su rotura de ligamentos, con una aparatosa rodillera blanca como testigo del calvario, Ricky Rubio volvió. Y, como todo en su fulgurante carrera, sucedió a lo grande. Fuegos de artificio para festejar su retorno, un pabellón, una franquicia, una ciudad, la mejor liga del mundo de baloncesto entregada a la causa, la de la alegría, la de la magia que desprende su juego, «contagiosa», según celebró Rick Adelman, su entrenador. 

No fue un día más, la madrugada del sábado fue la del retorno de Ricky. Así quedará, así lo atestiguan todas las informaciones, los hashtags y las audiencias. Restaba 1:47 minutos para el final del primer cuarto y el marcador lucía un no demasiado esperanzador 18-28 en contra de los Timberwolves -su estrella Kevin Love, fue baja de última hora-, a favor de los Mavericks. Ricky se aproximo a la banda, se desprendió del chandal y, como un resorte, el Target Center estalló en júbilo. 

Sustituyó al ruso Alexey Shved, que luego sería uno de los protagonistas de la remontada, y poco a poco los Wolves se fueron, lo dicho, contagiando. Ricky se plantó en la cancha como si nunca se hubiera ido: «No voy a olvidarme como se juega al baloncesto». Tal vez algo más fornido en su tren superior, pero con el mismo descaro, los mismos pases geniales, impredecibles, únicos, como uno entre sus piernas, de espaldas, para dejar en bandeja la canasta a su compañero Greg Stiemsma, que hubiera firmado el mismísimo Pete Maravich. Por lógica precaución, estuvo poco más de 18 minutos en cancha, en los que aportó ocho puntos, nueve asistencias, cuatro rebotes y tres robos. La primera vez que se sentó, al borde del descanso, su equipo ya había recuperado casi todo el terreno perdido (37-39). 


Tuvo en sus manos, incluso, el privilegio de jugarse el lanzamiento para ganar el partido, así es la NBA, donde se potencian las heroicidades. Falló el triple y no participó en la posterior prórroga, donde su equipo venció (114-106) para redondear la noche triunfal. Es la cuarta victoria consecutiva de los de Mineápolis, que ocupan la sexta plaza de la conferencia Oeste, en puestos de playoffs, los que no pisan desde 2004. 

Tras el partido, sobrevino una catarata de elogios, aunque quizá ninguno tan sincero ni impactante como el de Adelman, palabras que engalanan una biografía, aunque en el caso de Ricky sólo se hayan consumido los primeros 22 años: «cuando el balón está en sus manos, sin duda soy mucho mejor entrenador». Rubio, que tendrá su siguiente oportunidad esta noche (1.00 h.) ante los Magic, charló tranquilo sobre sus sensaciones. «Me encuentro fenomenal y creo que estoy al 100%. Tengo algunas molestias en otras partes del cuerpo, pero algo normal por el tiempo que no he jugado», resumió. «Es increíble la manera cómo me han recibido los aficionados y luego el regalo de los compañeros de conseguir la victoria en la prórroga», comentó y pronosticó un esperanzador porvenir: «Estoy convencido de que vamos a hacer cosas grandes esta temporada con este equipo, como hemos demostrado durante la prórroga, que jugamos increíble».
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